A la intemperie

País inhabilitado /II

Renunció a su mandato por presiones sociales y militares para ir a morir lastimosamente, abandonado y sin riqueza a causa de la tuberculosis. Casi dos siglos después, sus restos fueron exhumados para confirmar si había muerto de causas naturales o asesinado, todo con tal de satisfacer la ansiedad histórica del comandante supremo de la Revolución bolivariana, quien se hacía acompañar de una silla vacía en ceremonias oficiales para que ésta fuera ocupada por el espíritu del libertador.

A las peripecias por las que tuvo que pasar Bolívar, tanto en vida como en lo que debiera ser un descanso eterno, habría que añadir la paradoja de que la moneda venezolana, el bolívar desde 1879, lleve ahora el apelativo de “fuerte”, cuando tiene años de una debilidad y depreciación interminable en el mal llamado mercado negro de divisas. Mal llamado porque cuando hay un control de cambios, y en Venezuela son diez años de haberlo, el verdadero mercado negro es aquel que las autoridades llaman el oficial y no el otro en el que los agentes económicos deciden darle precio a las cosas en función de su intención de comprar o vender, ahorrar o gastar, ir o venir, según sea el caso.

Oficialmente, el “bolívar fuerte” se cotiza a 6.3 unidades por dólar. Sin embargo, un billete con el rostro de Washington en el anverso se intercambiará por 45 bolívares en el mercado libre, llamado negro por las autoridades con el ánimo de intentar desprestigiar lo que no pueden hacer respetar mediante su propia responsabilidad.

Como sucede con cualquier control de cambios, que hace de la obtención de divisas una inagotable fuente de corrupción, el caso venezolano ha dado pie además al fenómeno del “turismo cambiario”. Se trata de lo siguiente: tras mostrar que se tiene un pasaje de avión al extranjero, el ciudadano puede adquirir hasta 3 mil dólares al tipo de cambio oficial. No debe sorprender, como reportaba la revista Expansión del 25 del mes pasado, que un pasaje de avión de Caracas a Lima cuesta hoy casi ocho veces más que a inicios de año. Y ello si se tiene la suerte de conseguirlo, ya que no hay boletos para los próximos cinco meses. ¿Acaso se trata de tanto amor de los venezolanos por la exitosa comida peruana? No. Se trata de adquirir dólares a 6.3 por uno para luego revenderlos a 45 por uno. ¿Quién tiene un rendimiento de siete veces la inversión de un plumazo?

Este turismo puede ser tanto fantasma —no hay boletos disponibles aunque el avión vuele casi vacío— o express —tan pronto se llegue al destino hay que tomar el avión más próximo de regreso—. En cualquier caso, la política no es sino otra medida más para defenderse de la “guerra económica” que los “derechistas venezolanos” y el “imperio” han desplegado contra el país, según ha dicho el sucesor del Comandante Supremo, quien ante la promulgación reciente de la Ley Habilitante, la que le permitirá gobernar por decreto durante los próximos 12 meses, sin tener que preocuparse de ningún contrapeso político, ha dicho que “con esta ley ya no me para nadie”.

Con razón incluso la sociedad venezolana más conservadora comienza a extrañar a Hugo Chávez, aunque la inflación sea de 54% anual, aunque según el Banco Central la carestía de productos de la canasta básica llegue a 20%, aunque el país importe  95% de los alimentos que consume, muchos de los cuales están sujetos a políticas de racionamiento; aunque el propio Maduro decrete el asalto organizado a los comerciantes… “que también son víctimas de los capitalistas que especulan y roban como nosotros” (sic).

El desprecio a verdades elementales, como la mecánica de funcionamiento de los mercados, la que no es sino la expresión de la voluntad de las personas (recordando a Thoreau, “el precio de cualquier cosa es la cantidad de vida que estás dispuesto e invertir por ella”), ha generado que el “socialismo del siglo XXI” esté resultando en un creciente caos bajo el cual, cada vez más, se justificarán medidas más severas contra la democracia y la libertad. Pobre país, inhabilitado ahora por sus propios gobernantes y sin más esperanza en el horizonte que un vuelco incuestionable en las elecciones para los 335 alcaldes este próximo 8 de diciembre. Venezuela tiene una última llamada.