A la intemperie

Medir para mejorar/ I

Resulta que la economía española es 4.5% más grande de lo que se pensaba. Es el impacto de contabilizar prostitución y drogas.

Si bien es una sana práctica milenaria el medir aquello que se desea mejorar, la pregunta siempre subsiste: ¿qué tan acertados son nuestros métodos de medición de esto o de aquello, de cualquier cosa pues? Recientemente, por ejemplo, y previo a la fiebre mundialista, los medios abundaron en información y comentarios acerca del crecimiento esperado de la economía para este año. Por momentos, la conversación pública sobre si finalmente creceremos a 2.7 o a 2.8 por ciento y ya no al 3.9 o al 3.8% esperado recordaba en cierto sentido aquella que tenían los monjes de Bizancio en el lejano mayo de 1453; mientras los turcos invadían Constantinopla, en el Imperio Romano de Oriente y la Iglesia ortodoxa se discutía con pasión cuántos ángeles cabían de pie en la punta de un alfiler (que se sepa, además, que se trata de una medición que a la fecha no ha podido llegar a conclusión alguna).

Ello viene a cuento porque a raíz de una directiva reciente de la Comisión Europea y de las recomendaciones de Eurostat, la oficina de estadística comunitaria, los miembros de la Unión Europea han comenzado a contabilizar el impacto de la prostitución y las drogas en la economía. Resulta así que para España, por ejemplo, la incorporación de dicha actividad económica al cálculo del producto interno bruto (PIB) más algunos otros cambios a la contabilidad nacional ha hecho que la economía española resulte ser 4.5% más grande de lo originalmente considerado. Y si la economía es mayor que lo que se creía, resulta entonces que el tamaño relativo de la deuda como porcentaje del producto interno bruto es menor y el déficit fiscal es menor y el ingreso per cápita es mayor y… 4.5% es un titipuchal de cualquier forma que se le vea.

De alguna manera, los economistas siempre han sabido que la medición del PIB enfrenta sus dificultades. Es de esos conceptos de los que siempre se habla con enorme suficiencia, aunque en realidad la medición que se tiene de ellos enfrenta bastantes retos. Por principio de cuentas, la medición que hace el Inegi requiere de más de 400 fuentes de información entre encuestas y estadísticas del mercado, las que por naturaleza son generalmente muestrales y con un inherente e inevitable error estadístico. El PIB solo incluye bienes de consumo final y no intermedios, cuya línea diferencial es con frecuencia difícil de trazar. Asimismo, no incluye actividades cuyo precio no es visible, como el trabajo doméstico o el trabajo voluntario. Y aunque por sí mismo el PIB no excluye las actividades ilegales, la dificultad de calcularlas hace que normalmente no se tomen en cuenta. Aunque sean de gran tamaño. Todo esto no cuestiona lo que viene siendo un trabajo muy relevante del Inegi; tan solo nos recuerda que no siempre todo lo que parece es.

A raíz de la misma directiva europea, otros países comienzan a revalorar el tamaño de sus propias economías. Gran Bretaña, por ejemplo, señala que su economía es 0.7% más grande al incorporar a su medición tanto el tamaño del mercado de drogas como de la prostitución. Para Portugal, la cifra es 0.5%.

¿Por qué se incorporan a la medición del PIB solo estas dos actividades ilegales (y esto de “ilegales” con sus asegunes, según veremos) y no muchas otras como el pago por secuestros o por derecho de piso, o simplemente por corrupción? Porque en aquéllas se presupone que las partes en una transacción acceden de manera voluntaria, lo que no ocurre para con la gran mayoría de actividades ilegales.

Claro que la medición de la prostitución o del mercado de drogas no está exenta de problemas. Para con aquélla, por ejemplo, ¿se calcularán los datos desde el lado de la oferta o de la demanda? ¿Se harán encuestas muestrales o estudios directos de mercado? Y así sucesivamente. Qué pasa con la contabilidad del problema de las drogas es tema para otra ocasión.

Pese a los innegables avances en los sistemas de cuentas nacionales, quizá en la punta de un alfiler quepan varios millones de ángeles o tal vez ninguno. Lo que sí creemos saber es que en el verdadero PIB mexicano —lo que quiera que eso quiera decir— caben cada vez más millones de pesos producto de actividades ilegales. A veces las nuestras son discusiones bizantinas y obstáculo para atender los grandes retos que el país enfrenta.

mp@proa.structura.com.mx