A la intemperie

Medir para mejorar / II

La ONU calcula en 1 por ciento de la economía mundial el tamaño del mercado de las drogas. ¿Quién no desea sumar esa cantidad a su PIB?

Ayer, la ONU conmemoraba el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, mientras que el Buró de Análisis Económico de Estados Unidos informaba poco antes que la economía norteamericana, medida a través del producto interno bruto (PIB), se ha contraído 2.9 por ciento en el primer trimestre del año. Cuando se compara con el crecimiento de 2.6% del trimestre anterior, 5.5 puntos de un trimestre a otro es algo muy cercano a una preocupante caída libre.

El crecimiento del PIB es uno de los indicadores más seguidos en materia económica. Lo utilizan el gobierno y el Legislativo para la definición del presupuesto, el banco central para la construcción de la política monetaria, las empresas para determinar sus decisiones de inversión y por tanto de generación de empleos. Lo utilizan los mercados entre otros elementos para determinar los tres precios clave en una economía (el del dinero —la tasa de interés—, el del trabajo —el salario— y el de la moneda —el tipo de cambio—); los partidos políticos para defender o cuestionar la política económica; los comentócratas para aderezar sus puntos de vista y los ciudadanos normalmente para quejarse del estado de cosas.

¿Y si las mediciones del PIB no fueran las correctas? Aquí es donde entra la conmemoración del Día Internacional de la Lucha contra el Uso y Tráfico de Drogas por parte de los 193 países miembros de la ONU (versus las 209 federaciones nacionales de la FIFA…). Hasta ahora, el PIB no solo no incorpora el valor de servicios cuyo precio no es visible (trabajo doméstico o voluntario), sino que tampoco reconoce el valor económico de actividades ilegales, por más grandes que puedan ser. Esto viene cambiando por la decisión europea de incorporar a partir del último trimestre de este año el valor de la prostitución y del consumo de drogas a sus cuentas nacionales, lo que incrementará el tamaño de la economía de los países europeos en cerca de un punto porcentual (o hasta 4.5% como en el caso de España).

¿Qué pasa cuando ciertas actividades económicas consideradas ilegales en una época cambian de estatus? Que las sociedades que ahora contabilizan dichas actividades se vuelven “más prósperas”. El mismo Buró de Análisis Económico, por ejemplo, considera a la prostitución como parte de la economía del estado de Nevada bajo el rubro de “servicios personales”. En los estados de Colorado y Washington, la producción y venta de mariguana se incorpora a sus estadísticas tanto en el rubro de “producción agrícola” como “servicios de comercio”. En California y 16 estados más, la adquisición de mariguana para fines medicinales se considera bajo el rubro de “servicios médicos”.

¿Qué pasa cuando en un lado de la frontera no solo se permite lo que en otro lado se criminaliza, sino que inclusive se incorpora en las cuentas nacionales y se le da reconocimiento pleno a dichas actividades? Sobre la injuria, ofensa. O tormenta sobre mojado, como se prefiera. La contradicción cotidiana no solo por la actitud social y gubernamental ante el tema de las drogas, sino inclusive ahora por su impacto en la creación de riqueza legalmente reconocida muestra lo absurdo e insostenible del esquema actual.

Hace cinco años se cumplió el primer siglo de la lucha contra las drogas a escala internacional. Ya son 26 años de celebrar “días internacionales” como muestra de determinación para combatir el uso de drogas ilícitas. La ONU calcula que el valor de la producción ilegal de drogas ronda 1% del PIB mundial, o sea 720 mil millones de dólares. Acaso el día en que este monto pueda sumarse a las cuentas nacionales de alguien, habrá más incentivos para reconocer que así como hay que medir para mejorar, hay que cambiar de método para transformar una realidad cada vez más difícil de combatir con métodos tradicionales.

Del otro lado

La crisis humanitaria por el fenómeno migratorio de los niños es de una dimensión trágica inconcebible. Por ello, no es con “campañas de información” como se aminorará esa tragedia, sino con una verdadera reforma migratoria que no traslade a otros países el costo de prevenir el ingreso de menores a Estados Unidos. Estos ya han tenido éxito en trasladar a otros el costo de la guerra de las drogas; que no suceda lo mismo con la crisis de los niños.

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