A la intemperie

Lula tira a gol con balón de piedra

Brasil ha dejado de ser el milagro que tampoco fue. Y México podría convertirse en el favorito de la veleidosa prensa internacional.

Si cualquier otro ex presidente latinoamericano hubiera hecho la comparación con México, seguramente no habría tenido tanta importancia. Pudo haber sido Piñera de Chile o Uribe de Colombia o Palacio de Ecuador, en cuyo caso la nota habría pasado desapercibida. ¡Ah!, pero tratándose del gran Lula, la cosa cambia. En otras palabras, la atención mediática la gana con frecuencia no el mensaje sino el mensajero.

Al calor de las interminables protestas en Brasil por el Mundial de futbol, con una presidenta que cae en las encuestas y que en octubre próximo tendrá que ir a una segunda vuelta contra el candidato de la social democracia brasileña, el senador Aécio Neves, Lula lo ha dicho con pocas palabras: “Todo en México es peor que en Brasil”.  No algo, no esto o aquello. Todo. Y con categorización tan abrupta, el otrora amigo de México se ha llevado su buena dosis de respuestas. No importa que haya dicho lo que dijo harto del intercambio de posiciones entre ambos países, cuando menos por lo que se refiere a la percepción de los mercados en el último año y medio. Brasil ha dejado de ser el milagro que tampoco fue, y México podría convertirse por un tiempo en el favorito también de la veleidosa prensa internacional, la que hay que tratar con pinzas a riesgo de caer en sus encantos y perderse en el camino.

Por supuesto que no se trata de hacer comparaciones odiosas para ver quién está menos mal que quién. Por principio de cuentas, sería fácil decir que Brasil tiene una inflación del doble que la nuestra y un nivel de precios notablemente superior, aminorando con ello el poder adquisitivo del salario. Sería fácil decir que para sostener su moneda, Brasil tiene un nivel de tasas de interés del triple que el nuestro, bueno para los ahorradores pero un freno a las oportunidades de inversión. Sería fácil decir que el “riesgo país” de Brasil es el doble del nuestro y que su coeficiente de Gini —la manera de medir la desigualdad en una sociedad— es aún varios puntos superior, o sea reflejo de una disparidad en la distribución del ingreso aún mayor que la ya de por sí excesiva disparidad nuestra.

Y podría uno continuar, pero es innecesario. Además de la supremacía futbolística, Brasil busca a toda costa el liderazgo de América Latina, el que no le pertenece como tampoco podemos decir que somos nosotros quienes lo tenemos escriturado. Llegará un día en el que, más allá de reconocer que geografía es destino y que ambas geografías difieren diametralmente, encontraremos que colaborando juntos se logran más avances que pretendiendo hacer a un lado al otro, aunque hoy seamos los preferidos de la prensa y los mercados como en su momento lo fue Brasil.

En el fondo, independientemente del 3-1 de ayer, la copa es el símbolo de una promesa no cumplida en Brasil. Es un símbolo del desencanto social hacia lo que debió haber sido y no fue, más allá de quien gane o pierda la copa más cara de la historia y aun así inconclusa en sus inicios. Es un símbolo del enorme peso de la burocracia, de la corrupción y la incapacidad de hacer las cosas bien y a tiempo. No es que nosotros pudiéramos haber estado en mejores circunstancias de pensar por un momento que el juego de ayer hubiera sido en el estadio Azteca. Pero el hecho es que quien está frente a la opinión pública mundial, mostrando tanto su alegría y generosidad como su dosis de tercermundismo y sus contradicciones, es Brasil, no nosotros. Y por eso hay que preguntar por la fractura en el pie de Lula al haber pateado un balón que resultó de piedra.

Del otro lado

La actual Asamblea Legislativa del DF continúa dando muestras de que se ha convertido en una peligrosa caja de ocurrencias. Una cosa es promover medidas en pro de la igualdad y otra es ir contra convenciones centenarias modificando el orden de los apellidos. El costo de la confusión que esto acarreará a quienes decidan usar este derecho (para el cual, ¡oh paradoja!, el hombre sigue manteniendo el veto) no será menor. Una cosa es prevenir la crueldad hacia los animales y otra es prohibir su trata y manejo en determinadas circunstancias. Ya no habrá animales en el circo y por lo visto algunos payasos se han instalado en Donceles.

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