A la intemperie

¿López-Dóriga a las 11:30 pm? ¡Imposible!

Este es un libro sobre gente del campo que no quería cambiar y, por lo tanto, se involucró en una revolución”. Así comienza el prefacio al clásico Zapata y la Revolución mexicana, de John Womack Jr. Tan quería el pueblo mantener sus costumbres que no dudó en agarrar la carabina 30-30, treparse “a la bola” y buscar mantener intacta su forma de vida.

Aquello fue hace más de un siglo, pero a cada rato nuestro país nos sorprende con muestras idénticas de querer mantener el statu quo. El más reciente, por ejemplo, ha sido la creación de un nuevo huso horario en el país, el tiempo del sureste, para ajustar el horario en Quintana Roo, y sobre todo en Cancún, a su verdadera ubicación geográfica.

Cualquier estudiante de secundaria sabe, o debe saber, que si divide los 360 grados de una circunferencia entre los 24 husos horarios existentes, deberá haber una hora distinta cada 15 grados longitudinales. Entre Cancún y el DF hay 13 grados de diferencia pero, por lo visto, sobre todo una manera distinta de entender y acoplarse a la realidad. Así, ante la decisión reciente del Congreso federal para reformar la Ley del Sistema Horario y colocar a Quintana Roo a la par de la Costa Este estadunidense, las protestas de los locales no se han hecho esperar.

No importa que la longitud de Cancún esté más cerca de Miami que del DF, o que esté casi 200 kilómetros al norte de éste. No importa que viva de quien busca sol y luz de día. Pese a ello, buena parte de la reacción social es cuestionar la decisión legislativa con argumentos que van de lo ridículo a lo sublime...

“¿Cambiar el horario? Solo le interesa al gobierno y no es claro qué harán con esa hora y para qué”. “Los que no quieren son los ricos de Mérida con casa en Cancún. ¿Se imaginan el lío de una casa en un horario y otra en otro?”. “¿Cómo vamos a cambiar nuestro horario para ver las telenovelas?”. Y el colmo... “¿Ver a López-Dóriga poco antes de medianoche? Imposible!”. Argumentos todos estos de hoy y de cada vez que el tema se ha planteado. Y pensar que aspiramos a ser un país moderno.

El tema está lejos de generar una revuelta, aunque los candidatos a puestos de elección popular comienzan a hacer campaña bajo la promesa de regresar a los quintanarroenses la hora que les fue robada. Acaso por eso, y porque nos gusta hacer las cosas a medias y por lo tanto con frecuencia mal, resulta que se cambia el huso horario en Quintana Roo, pero solo durante el horario normal o de invierno. O sea, unos meses en el horario de allá y otros en el de acá. Nada para nadie.

 

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