A la intemperie

“Hacienda somos todos”

Este martes recién, la nota principal del diario madrileño El Mundo, el que viene siendo atractiva y exitosamente encartado en estas páginas de MILENIO desde el 1 de octubre, retomaba la declaración del juez español José Castro al decidir sentar en el banquillo de los acusados a la infanta Cristina por delito fiscal. “Hacienda somos todos”, ha señalado el juez, retomando un eslogan de las propias autoridades fiscales españolas que “hizo calle” en términos publicitarios, tratándose de una frase construida en 1977.

Más allá de las notas periodísticas, escandalosas por naturaleza al tratarse del primer miembro de la familia del rey de España que enfrenta una acusación similar, el caso tiene múltiples aristas, algunas que no están de más comentar. Capaz que sus implicaciones pudieran ir “haciendo calle” en nuestro país también.

La primera de ellas es que al decir “Hacienda somos todos”, el juez ha considerado que cualquier contribuyente que se sienta perjudicado por un presunto fraude fiscal cometido por una tercera persona tiene la facultad de presentar una denuncia. Ello en contraposición a la postura de la Abogacía del Estado, la que con base en una supuesta “Doctrina Botín” considera ser la única legitimada para presentar una denuncia por un posible perjuicio al erario, en este caso cometido por la propia hermana del rey.

La segunda arista que vale la pena retrotraer es la naturaleza del denunciante. El cuestionado y polémico “Colectivo de Funcionarios Públicos Manos Limpias”, conocido en la calle simplemente como “Manos Limpias”, es una asociación fundada hace dos décadas como representante de empleados públicos en España. Su relevancia procede de considerarse a sí mismo como un “sindicato anticorrupción” y, por tanto, denunciante de temas diversos que, en su opinión, impactan negativamente al país. Si bien una parte no menor de las denuncias que ha interpuesto a lo largo de los años ha sido rechazada por los tribunales (demandas contra el juez Baltasar Garzón y otros magistrados; contra la ley que permite los matrimonios entre personas del mismo género, en fin), el hecho es que es el denunciante de la infanta Cristina por el llamado “Caso Nóos”. Es de este caso que se derivan los casos de malversación, fraude y lavado de dinero contra el esposo de la infanta, el ex basquetbolista Iñaki Urdangarin.

La tercer gran arista es la consideración del juez al señalar que el presunto delito de la infanta es “un atentado contra un bien jurídico colectivo”, de donde deriva la famosa frase de “Hacienda somos todos”. En efecto, resulta que la ley aplica para todos sin que pueda reconocer privilegios; que el mayor escándalo nunca será la presunción de corrupción, sino la presencia de la impunidad; que en la medida en la que todos los ciudadanos sean medidos bajo el mismo rasero, en esa medida la sociedad podrá reconocer la legitimidad de sus gobernantes…. ¿Nos trae algunas reflexiones sobre la situación de nuestro país?

Previo al advenimiento de la democracia, España no tenía un sistema fiscal nacional, sino un conjunto de regulaciones sueltas y disímbolas a lo largo y ancho del país. El “Hacienda somos todos” fue una manera de aterrizar acaso el elemento central de los Pactos de la Moncloa, consistente en construir un sistema fiscal basado en principios de justicia fiscal y obligatoriedad de todos los ciudadanos para contribuir al gasto público según la capacidad económica de cada quien. El componente político del Pacto, si bien no menor ya que abordaba temas de la libertad de prensa, de censura, de libertad de reunión y otros, fue a su vez el elemento que permitió que España tuviera un sistema fiscal con el cual salir del oscurantismo franquista. ¿Se desean tener los mismos derechos? Habría que pagar los mismos impuestos, como todo indica tendrá que hacer la infanta Cristina ya que un fraude fiscal daña a la comunidad en su conjunto y no solo al erario.

Hace unos días, el cartón de Calderón en el diario Reforma era más que evidente: la infanta sentada en un banquillo con el letrero de “España”. A su lado, un banquillo vacío con el letrero de “México”. ¿Quien y cuando será capaz de sentar ahí a quien le corresponda? 

 

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