A la intemperie

'Good bye Europe?'

Gran Bretaña tuvo alguna vez un imperio y lo perdió. Desde entonces no encuentra su papel en el mundo, ya que no puede dejar de vivir de sus glorias pasadas, pero tampoco se siente cómoda participando en la comunidad de hoy, en la que el reparto del poder es uno muy distinto al de hace un siglo. El referendo que habrá en la isla la próxima semana, acerca de permanecer en la Unión Europea o dejar de pertenecer a ella, es fiel reflejo de la ambivalencia histórica con la que los británicos se han relacionado con el continente.

Tras el establecimiento de la entonces Comunidad Económica Europea en 1957, los británicos tardaron 16 años en adherirse, solo para tener un referendo dos años después: dos terceras partes reafirmaron su decisión de compartir soberanía y propósitos comunes con Europa. Desde entonces, sin embargo, el espejo retrovisor, el freno de mano y la palanca de reversa a la integración han estado siempre en la oficina del primer ministro británico. Acaso por ello fue sorpresivo que al momento de su reelección hace un par de años, el actual jefe del gobierno británico, David Cameron, ofreciera un referendo sobre la continuidad o no del reino en la Unión Europea. Bien dice el proverbio chino, "piensa bien lo que deseas, no sea que se te cumpla".

Ahora, a una semana de la votación y contra todo pronóstico cuando se establecieron fecha y pregunta del referendo, una tan importante como la otra, los sondeos señalan que los británicos dirán good bye a cuatro décadas de integración forzada con Europa. De ser así, habrá pesado más el miedo a la inmigración y sus "daños colaterales" que el miedo a la pérdida de empleos y bienestar por alejarse del bloque de países más integrado del mundo. Y todo ello con paradojas varias alrededor de la expectativa del voto: los mayores de edad están claramente inclinados a "recuperar" el sentido de control de los viejos días, mientras que son los jóvenes quienes se inclinan por un mundo de soberanía compartida y cooperación. Pero como aquellos votan en mucho mayor proporción que éstos, serán los mayores quienes decidan, aunque sean los jóvenes quienes vivan mayormente con las consecuencias de la decisión. Total, quién les manda a éstos el gustar pronunciarse siempre por un cambio y no por mantener el statu quo, que es lo que decidirían en esta ocasión. Quién les manda gustar del activismo en las redes más que en las urnas, que es donde verdaderamente cuenta.

Una caricatura de Quino hace algunos años presentaba a una atribulada y confundida Mafalda diciendo "¡paren al mundo que me quiero bajar!". Lo que buena parte de británicos parece estar diciendo hoy en día no es muy diferente, salvo que bien se sabe que el mundo no se detiene a esperar a nadie, así haya sido su amo y señor durante algunos siglos.

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