A la intemperie

'Good bye Europe? No, not yet'

Gran Bretaña tenía un imperio y lo perdió. Desde entonces no sabe dónde quedó su papel en el mundo, pero no por ello ha perdido el estilo. En los días previos al referendo, se podía pasear por Londres y no encontrar un solo anuncio espectacular o afiche pegado en la pared ni a favor ni en contra de la permanencia o la salida de la Unión Europea. Nada de calles repletas de banderolas, bardas apropiadas por éste o aquel slogan ni basura propagandística, como tampoco anuncios de 20 o 30 segundos en la radio o la televisión cuya único recuerdo posterior es el relacionado con su ritmo musical. Nada de usar los recursos de los ciudadanos para machacarles la información que éstos deben recibir o agenciarse por otras vías.

Y, sin embargo, aún con todo y la flema británica, el peso de la decision de ayer ha sido más que evidente. No importa que el referendo surgiera una coyuntura política de muy corto plazo del primer ministro Cameron. Esta le llevó a apostar parte significativa del futuro del país solo para arreglar un problema interno en su partido. Moraleja: aun cuando se crea que se conoce el sentir popular sobre algo, en ocasiones más vale no preguntar, no sea que se lleve uno una sorpresa.

Y más vale no preguntar porque aunque todo indica que al final de cuentas los británicos habrán decidido no "aislar al continente", parafraseando aquellas ocho columnas de museo del Daily Mail que decían "Niebla en el Canal, el continente aislado", de cualquier manera los británicos habrán perdido. No porque hayan decidido permanecer como parte de la Unión Europea, sino porque se ha descubierto el verdadero tamaño del rechazo al statu quo. Y eso que la economía británica lleva años creciendo más que la europea, al tiempo que su desempleo es menor al igual que su inflación. En otras palabras, si en la isla están tan bien como están y aún así por poco llegan a decir un hasta aquí a Bruselas, ¿qué esperar de los demás?

Acaso resulta que las personas desconfiamos cada vez más de la noción de autoridad y preferimos orientar nuestras decisiones alrededor de una serie de espejismos e ilusiones que terminan por falsear la realidad. Acaso tenemos una capacidad cada vez más limitada para aceptar lo que no entendemos, para tolerar y convivir con quienes son diferente a nosotros, para construir un espacio que sea el de todos y no únicamente el de aquellos que pretendemos ser.

Por todo eso, los británicos que pudieron liberarse de la mentalidad de la "pequeña Inglaterra", esa tan dada al provincianismo, al chovinismo y al rechazo a los demás, podrán celebrar un par de días, para después reconocer que el tamaño del reto hacia adelante es aún mayor de lo que se pensaba: cómo lograr que esa otra mitad reconozca que el futuro está en la integración, y no en el regreso a un pasado que dejó de estar y no regresará jamás.

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