A la intemperie

Educación: el arma más poderosa para cambiar el mundo / I

Con gran timing se han publicado los nuevos resultados de la prueba educativa conocida como PISA, aplicada por la OCDE mediante exámenes a poco más de medio millón de estudiantes de 15 años de edad en 65 países. La buena coyuntura obedece a que los resultados se han dado a conocer el mismo día que se hace la presentación y firma de los convenios para la implementación de la reforma educativa, la que será la reforma más importante del actual gobierno, porque retoma para el control del Estado, sumando la participación social, lo que nunca debió ser cedido a terceros: la rectoría sobre la política educativa. Acaso hay un efecto similar, pero con ciertos rasgos a la inversa, con la reforma energética, la que debe mantener esa misma rectoría del Estado, pero ampliando los espacios de participación social en el sector a través de alianzas o inversiones de terceros. Esta libera, la otra recupera y, paradojas de la vida, por ello mismo también libera.

Timing mediático aparte (aunque hay quien dice que en política el
timing no puede estar aparte, pues lo es todo), los resultados de PISA han sido recibidos en nuestro país de manera un tanto cuanto esquizofrénica. Si bien los encabezados han coincidido en que nuestro país sale reprobado, lo que es cierto y por ello debiera ser vergüenza y acicate, el editorial de El País del miércoles señala que “las reformas educativas han sido especialmente exitosas en Portugal, Alemania, México o Brasil…”. Resulta que en nuestro caso, de los 34 países de la muestra y en comparación con la prueba anterior en 2003, fuimos el tercero que más avanzó su puntuación en matemáticas, si bien desde una base muy baja (si estamos reprobados ahora, cuánto más lo estábamos en ese entonces), al tiempo que somos de los países con menos divergencia entre regiones y tipos de escuelas en términos de nuestra (baja) calidad educativa.

Si bien las comparaciones son odiosas (aunque dice mi Tía Cleta que lo son para los que no les favorecen) y no pueden ser perfectas ni infalibles, el hecho es que nos ayudan a vernos en un espejo con el cual mirar mejor nuestra realidad. Esta misma comparabilidad, con sus pruebas estandarizadas y método único de evaluación, es acaso la gran fortaleza de la prueba PISA, la que junto con otros elementos es lo que explica que la educación esté retomando un rol fundamental a escala internacional. Nos ayuda a entender por qué el secretario general de las Naciones Unidas lanza la iniciativa “la educación ante todo… en pro de una educación de calidad, pertinente y transformadora para todos”. Es lo que explica la lucha de Malala Yousafzai, la joven paquistaní baleada por los talibanes por defender el derecho de las niñas a recibir educación; lo que explica que en Bangladesh se establezcan zonas libres de matrimonio infantil para defender el derecho de las niñas a seguir en la escuela; lo que explica que los padres de familia en varias zonas del estado de Oaxaca decidan ejercer en nombre de sus hijos el derecho fundamental a que reciban una educación que les permita no solo los conocimientos necesarios para avanzar en la vida, sino la formación completa para ser libres y completos. Todo esto es lo que explica, en esencia, el rechazo social a las formas de presión de grupos de personas que se dicen “maestros”, pero que, más que buscar la transformación de la educación pública “mediante la formación crítica de los involucrados, la comprensión y la modificación de su entorno…”, lo que buscan es mantener el secuestro de rentas que reciben del Estado.

PISA, claro, no está exenta de limitaciones, las que hay que entender como tal y no esperar de la prueba lo que ésta no intenta ni puede dar.

Del otro lado

Decía el gran Madiba que “la educación es la gran fuerza del desarrollo personal. Es a través de la educación que la hija de un campesino puede convertirse en doctora, que el hijo de un minero puede llegar a ser el director de la mina, que el hijo de trabajadores agrícolas puede convertirse en el presidente de una gran nación”. Descanse en paz Nelson Mandela, quien fuera inspiración, parte fundamental y presidente honorario de la Organización Internacional de los Colegios del Mundo Unido.