A la intemperie

Discusiones de multitudes /II (10 años después)

El mundo no es el mismo en 1895 o en 2014, ni en París ni en el Zócalo, pero sí lo es el indefendible comportamiento de la masa.

Para Patricio, joven sociólogo y

pedagogo.

No es buena costumbre el repetirse, cuando menos no en demasía. Se corre el riesgo de volverse predecible y visto como irrespetuoso hacia los demás. Sin embargo, como todo tiene sus excepciones, abusaré un poco para repetir algunos párrafos escritos en estas páginas en febrero de 2004. Total, una década debe ser más que suficiente para que lo escrito entonces ya no quede en la memoria de nadie.

Aquel artículo se titulaba “Discusiones de multitudes”. Abordaba un tema de coyuntura, tratando de sostenerlo en un aspecto de fondo. La coyuntura era la manera como la entonces primera dama se defendía de la crítica ante sus inauditas pretensiones presidenciales, argumentando que se le cuestionaba “por su amor a México… por su condición de género… porque iba adelante en las encuestas…”. Pamplinas todas, frases huecas hechas por algún publicista para salir rápido de las cuerdas y no entrar al fondo del asunto, lo inaceptable del ánimo de reelección presidencial por la puerta de atrás.

A propósito de aquella lamentable coyuntura, el aspecto de fondo en esa entrega era recordar a Gustavo Le Bon, psicólogo social francés de fines del siglo XIX e inicios del XX, quien sostenía que en los actos humanos de naturaleza colectiva siempre tienen preeminencia el sentimiento y las pasiones sobre la razón. “Le Bon argumentaba que el alma colectiva de las sociedades las llevaba instintivamente a buscar con ahínco —así fuera de manera inconsciente— un agitador, un líder, en el cual confiar para la obtención de sus aspiraciones colectivas (ya se veía venir la primera de las candidaturas de López Obrador).

“El problema con las multitudes, con las muchedumbres, es que lo que en ellas se acumula no es el talento sino la estupidez… Por el solo hecho de que el individuo forme parte de una muchedumbre, su nivel intelectual baja inmediatamente de una manera considerable… desde el momento en que forman colectividad, el sabio y el ignorante son igualmente incapaces de observación… lo que parece inevitable es cómo en las discusiones multitudinarias el nivel lo termina estableciendo el eslabón más débil desde el punto de vista argumentativo…”.

Todo eso escribía Le Bon hace poco más de un siglo en La psicología de las masas y reproducido aquí hace una década. Otras reflexiones desde ese lejano 1895 son cuando menos provocadoras para lo que sucede hoy. En el capítulo “Sobre la instrucción y la educación”, por ejemplo, decía Le Bon que “… los peores enemigos de la sociedad —los anarquistas— se reclutan con frecuencia entre los alumnos más destacados de las escuelas… la criminalidad progresa sobre todo entre los jóvenes en los que la escuela gratuita ha sustituido al patronato… Desgraciadamente, los pueblos latinos, sobre todo desde hace unos 30 años [recuérdese, esto se escribía en 1895], han basado su sistema de instrucción en principios muy defectuosos… nuestra actual educación transforma en enemigos de la sociedad a un gran número de quienes la han recibido, reclutando a muchos discípulos para las peores formas del socialismo”.

Como objeto de estudio, el fenómeno de “la masa” surgió a fines del siglo XIX entre varios sociólogos europeos. Quienes saben de estos temas dicen que los primeros análisis acerca de la psicología de masas surgieron entre dos criminalistas, Sighele y Tarde, preocupados sobre cómo determinar y asignar responsabilidades dentro de una masa y, por lo tanto, a quién arrestar.

Aunque evidentemente palidece ante los crímenes que nuestro país no alcanza a digerir en estos días, no está de más preguntar a quién arrestar por las agresiones en la marcha del miércoles a Cuauhtémoc Cárdenas. Éste ha respondido con elegancia que “… en este caso lo más importante es que aparezcan con vida los 43 desaparecidos y se sancione con todo el rigor de la ley a los responsables.” Tiene razón, pero si no se sanciona a quienes causaron la muerte de Gonzalo Rivas a fines de 2011 al evitar el incendio causado por los normalistas de Ayotzinapa en la gasolinera Eva en Chilpancingo, si no se sanciona a quienes “piden prestados” camiones, a quienes agreden a terceros, a quienes masacran normalistas… si no se sanciona a quienes violentan la ley, ¿cuándo vamos a restablecer el tejido y la cohesión social indispensables para el país?

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