A la intemperie

Tres lecciones rápidas del 'brexit'

Detrás de la sorprendente decisión británica hay innumerables lecciones. Van tres que nos conviene tener en mente. Cada una a su manera nos aplica.

1. No se apuesta con los intereses del Estado. Acaso la lección más severa es la que resulta de la frivolidad del primer ministro Cameron por llamar a un referendo que no era necesario, que decidió organizar motivado más por una cuestión de ego, que se organizó sin regla alguna de participación o margen de diferencia y sobre un tema de enorme complejidad. Pero creyó que ganaría, y aunque poco más de tres cuartas partes de su propio parlamento tienen una vocación pro europea, apostó pensando en su persona. Ahora, aunque no sea quien firme la decisión formal de salir de la UE, salvo una nueva vuelta de la historia, será el responsable de haber partido a la propia Gran Bretaña y abierto una caja de pandora de consecuencias imprevisibles.

2. La importancia del lenguaje. El campo pro europeo se dio cuenta demasiado tarde que la columna vertebral de su mensaje no tenía el impacto del mensaje del campo contrario, independientemente que éste estuviera cargado de mentiras y falsas suposiciones. Aunque cierto, argumentar con base en la eficiencia económica, a la disminución de costos y al aumento de la productividad palideció, dado que el otro lado hablaba de historia, de herencia, de vínculos emocionales al pasado y de prácticas y costumbres sociales. De emociones, pues. Así, no solo en México o en lo que todavía es un reino unido, sino por todos lados, el liberalismo y la economía social de mercado no han podido adaptar su propia comunicación y su lenguaje a algo asequible al ciudadano. Mientras no lo hagan, seguirá el riesgo de regresión.

3. El papel de los medios. Se tratará de una de las democracias más avanzadas, pero varios de los medios británicos, en particular sus literalmente inefables tabloides, han usado durante décadas su libertad de expresión para deformar la idea de Europa, la idea y naturaleza del otro. Se han centrado en un chovinismo pueril que en el momento decisivo ha tenido resultados de una gravedad que apenas alcanzamos a ver. Para dichos medios, la verdad ha sido siempre lo de menos. En un interesante análisis, la Universidad de Loughborough ha calculado que, ponderado por la circulación de los impresos, 82 por ciento de los artículos previos a la votación mostraban un claro sesgo a favor del brexit (http://goo.gl/CNJcR5). ¿Neutralidad de los medios?

Total que, como argumentaba en estos días John Carlin, los electores tienen el derecho a hacerse todo el daño que quieran. Habrá que agradecer a los británicos el haber demostrado al mundo que la política y la sustancia de gobernar son cosa seria, no una actividad para que los políticos jueguen con ella.

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