A la intemperie

Cuidado con el gen autoritario en casa

Hay un elemento preocupantemente autoritario en el código genético latinoamericano. Acaso es porque nuestra apremiante necesidad de que los gobiernos produzcan resultados supera, por mucho, el nivel de tolerancia social para con las incomodidades, contrapesos y por ende frustraciones consustanciales a la democracia. De ahí que es común que nuestras sociedades añoren la presencia de líderes populistas, sin importar que sean de derecha o izquierda. Lo relevante es que prometan el paraíso en esta vida y sin tener que trabajar para alcanzarlo.

El número de febrero de la revista Este País aglutina varios ensayos o entrevistas acerca del tema. “América Latina; mutaciones autoritarias” incorpora artículos sobre los retos de la “transición ordenada” en Cuba, sobre las coordenadas necesarias para entender el porqué de nuestro gen autoritario y sobre la relación entre el catolicismo y la cultura política de la región. En particular, se presenta una breve nota acerca de las actitudes autoritarias en América Latina a raíz del estudio de Latinobarómetro 2013. Destaca que el segundo país con mayor tendencia autoritaria por parte de sus ciudadanos es México.

¡Quién lo dijera! Acaso nuestro descontento con la democracia tiene mucho que ver con que las últimas dos elecciones presidenciales siguen siendo cuestionadas por quienes no aceptarán nunca sus resultados. Y para una sociedad tan susceptible a la teoría de la conspiración, más allá de los resultados económicos desde el 2006 —los que ciertamente no han sido para estar orgullosos— el permanente cuestionamiento a los resultados y al entramado institucional no puede sino generar una sensación de descrédito en la democracia.

El estudio de Latinobarómetro se basa en 6 preguntas para construir un índice de actitudes autoritarias en una sociedad. Así, 80 por ciento de las personas en México considera que es mejor contar con un líder eficaz que resuelva problemas sin que se preocupe por los contrapesos de la democracia; 33% considera mejor un régimen de partido único que dé competencia electoral y 28% está en desacuerdo con la democracia como sistema de gobierno, resultados ambos que son los más altos en América Latina. Por otra parte, 32% estaría de acuerdo en apoyar a un gobierno militar, 26% estaría de acuerdo en abolir las elecciones (¡uno de cada cuatro!) y 16% apoyaría un gobierno autoritario. Total, solo nuestros vecinos guatemaltecos tienen una mayor propensión al autoritarismo que nosotros, lo que debe recordarnos qué tan frágil es siempre la estabilidad y normalidad democrática que campea en los discursos, que es visible en diversas acciones, pero que con frecuencia está verdaderamente ausente de las prácticas de muchos actores, sobre todo cuando actúan fuera del escrutinio público.

No es menor pues la relevancia de los resultados electorales en 2006 y en 2012. Una y otra vez, estudios como Latinobarómetro muestran qué tan dúctil puede ser la sociedad mexicana para con populistas de cualquier corte que en aras de mostrar resultados hagan a un lado la importancia de las instituciones y del estado de derecho, de la transparencia
y de los contrapesos, de la opinión y los derechos de las minorías, y al poco tiempo, claro, también de los de las mayorías. En este contexto, tampoco es menor la relevancia de la dinámica política lograda en el primer año de gobierno del presidente Peña Nieto, dado el nivel de acuerdo y las transformaciones constitucionales alcanzadas en esos meses. Claro, éstas pueden servir de trampolín si se complementan e implementan adecuadamente, o de grave losa si se quedan en reformas constitucionales sin una continuidad legislativa que las implemente.

DEL OTRO LADO

Los bonos de la deuda externa venezolana ofrecen los rendimientos más altos disponibles en el índice global de mercados emergentes de JP Morgan: pagan 16% anual (México colocó en promedio al 1.4% en 2012 según el Banco Mundial). El gobierno de Maduro cubre puntualmente sus obligaciones externas, pero adeuda cerca de 30 mil millones de dólares a empresas privadas de su país. Por eso, en los anaqueles de cualquier supermercado no hay uno de cada cuatro productos e ir de compras “se puede convertir en un partido de rugby cuando llegan las entregas de papel higiénico”.  

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