A la intemperie

Conversaciones nacionales

Corrían los complicados años 80. A querer o no, a golpe de ocho columnas un día sí y otro también, los mexicanos nos volvimos "expertos" en materia de deuda externa. Acuerdos con el FMI, programas de ajuste, reestructuraciones con la banca comercial o con el Club de París, políticas públicas derivadas del Consenso de Washington; como decía alguna caricatura de la época, a juzgar por la conversación nacional cotidiana parecía que todos hubiéramos estudiado economía en Princeton, aunque la crisis nos costara mucho más que si en efecto lo hubiéramos hecho.

La omnipresencia del tema obedecía también a la multiplicidad de voces que decían tener algo que decir al respecto. Entre otras, había las supuestas asociaciones civiles dedicadas disque al estudio de la deuda externa, las que nunca hicieron estudio alguno, pero sí declaraban todos los días a diestra y (sobre todo) siniestra: eran más bien mecanismos de transmisión de las aspiraciones presidenciales de algunos miembros del gabinete interesados en menguar las posibilidades de otros.

Cuando hizo estragos la crisis de 94 y 95, por unos meses el país volvió a revivir la terminología de años previos: moratoria de pagos, quiebre financiero o línea de crédito del fondo de estabilización cambiaria. Afortunadamente, aunque doloroso, se trató de un periodo más bien breve, después del cual la conversación nacional comenzó a otorgar el protagonismo a términos como pluralidad, equilibrio de poderes, democracia.

Todo esto parece algo arcano y además antiguo, pero pudiera volverse contemporáneo si el país no actúa con cuidado ydecisión ante un tema que viene creciendo de manera sigilosa, pero preocupante: el nivel de deuda, ya no concentrado en los pasivos externos del sector púbico, sino en los agentes económicos en conjunto: gobierno, empresas, individuos.

Algún día, y todo parece indicar que será pronto, terminará la época más larga con las tasas de interés más bajas de la que se tenga memoria. Siete años de tasas cercanas a cero, periodo en el cual la deuda total en el mundo ha crecido 40 por ciento para llegar a 199 billones de dólares, ha generado tales distorsiones en los mercados financieros, que mañana que las tasas comiencen a subir los deudores comenzarán a resentir el impacto. Si bien a escala internacional el tamaño de la deuda pública de México parece un saludable 52% del PIB, este nivel es siete puntos superior al de hace tres años. Más aún, pese al ajuste fiscal iniciado hace algunos meses continúa con una tendencia creciente, dada la caída del precio del petróleo. Si no queremos que la conversación pública regrese de alguna manera a los 80, más vale ir tomando previsiones desde ahora.

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