A la intemperie

Congestión legislativa

Lo complejo y atorado de las discusiones legislativas de estos días pone de manifiesto lo importante que fue el Pacto por México durante el tiempo que duró. Los acuerdos surgidos a partir de un atisbo de madurez de partidos políticos y gobierno han sido los más relevantes en tres décadas. Hoy, en contraparte, el aparato político se encuentra inmerso en una discusión aparentemente interminable sobre las telecomunicaciones, sobre el carácter histórico-cultural del petróleo en nuestro país, sobre los usos y costumbres político-electorales, en fin. Leyes secundarias se ha convertido en un concepto no solo de principal atractivo mediático, sino también de un golpeteo social interminable. Atrás quedó ese promisorio devenir político que el Pacto propiciaba. Hoy tenemos una severa congestión legislativa.

Claro que para que hubiera Pacto que sirviera se necesitaba primero unidad interna entre los miembros que lo conforman. El Pacto explotó por las divisiones internas de los partidos de oposición más que por razones inherentes a sí mismo. Todo ello ha diluido el sentido de representatividad y de claridad en las acciones y los objetivos de los legisladores: agendas divergentes en las que lo que menos está en el radar es el futuro cercano del país, sino el posicionamiento político de cara a las siguientes elecciones.

De no aprobarse de manera relativamente clara y expedita, la gran modificación constitucional de 2013 correrá el riesgo de caer en el desánimo de lo inconcluso. Y es que por otra parte es claro que el proceso de reformas, aunque de trascendencia mayúscula, no ha tenido ni la concreción ni el tiempo suficiente para mostrar plenamente sus resultados. En ese intermedio, se cruzó además una mal llamada “reforma” fiscal, la cual incorporó temas sin duda necesarios y relevantes, pero se alejó de aspectos que le eran imprescindibles, por lo que los resultados de la reforma en el primer trimestre del año no han sido, por mucho, los esperados.

Era acaso inevitable que cualquier reforma fiscal digna de ese apelativo generara cuando menos en el corto plazo un menor ingreso disponible para los ciudadanos. Eso que ni qué. El tema es cómo se daría dicha situación, de qué manera, con qué instrumentos fiscales y con qué perspectivas de mediano plazo. Y sobre todo de qué manera se podría dar una ampliación en la base tributaria, lo que aunado a un uso más eficiente de un mayor volumen de gasto público debería generar mejores perspectivas de desarrollo para los mexicanos. Pero el Legislativo escogió castigar la formalidad, mermando directamente la productividad del país. No sobra recordar algo que concluye un estudio de McKinsey ya mencionado aquí anteriormente: el país no crece porque está conformado por dos Méxicos; uno productivo y formal y otro improductivo e informal que detiene el crecimiento (forma fiscal en la que por cierto se encuentran 30 millones de trabajadores, según informó el SAT). Queda claro que esta reforma se concentró en disminuir el ingreso disponible básicamente del sector formal, de ese que es la base del crecimiento y desarrollo.

Se dice ahora que los temas pendientes, fundamentalmente en lo que respecta a telecomunicaciones y lo político-electoral, se irán a un periodo extraordinario del Congreso. Si bien es claro el interés de los liderazgos del PRI en ambas cámaras por sacar adelante dichos temas, previo al periodo extraordinario de agosto del año pasado para discutir los temas educativos, el anterior extraordinario había tenido lugar en el lejanísimo 2008, para el tema de la disciplina financiera de los estados. O sea que, a juzgar por experiencias pasadas, se habla mucho de periodos extraordinarios que pocas veces se concretan. Y de irse hasta septiembre ya sabemos que la naturaleza de la función legislativa es tal que el tiempo se ocupa a plenitud (¿para qué adelantar una decisión si ésta puede ser tomada hasta el último día del periodo ordinario?).

El país está frente al gran reto de transformar su guía constitucional en materia palpable para sus ciudadanos. El contexto político, sin embargo, parece sombrío. Ojalá mañana podamos hablar de las grandes reformas que llevaron al país al crecimiento y no de las grandes reformas que se quedaron atrapadas en una lamentable congestión legislativa.  

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