A la intemperie

Cobro y pago

Acátese, pero no se cumpla… haga como que hace para terminar no haciendo nada… haga como que me cobra y yo hago como que le pago… en fin, frases que son reflejo de cierta condición esquizofrénica en la psique nacional. En particular, ahora que la discusión en materia impositiva viene siendo la conversación nacional más intensa y por momentos estridente, aunque no por ello la más escuchada (tal vez precisamente por lo mismo), es más que evidente esa práctica nacional donde unos no cobran y otros no pagan aquello que debieran.

Acaso por eso y por otras razones más es de admirarse la gran labor de la Fundación Gonzalo Río Arronte desde hace 13 años y su decisión de implementar un premio a favor de aquellos organismos operadores de agua y distritos de riego en el país que cuenten con las mejores prácticas tanto técnicas como administrativas en el cobro y pago del agua. ¡Un reconocimiento a quien haga bien su trabajo de cobrar! Si nuestra realidad no fuera la que es, sería casi inconcebible un premio por tal motivo, pero a escala estatal y municipal parece que “ha tomado calle” la cultura del no cobro y del no pago, esperando que cobre la Federación lo que pueda para luego transferir a los demás niveles de gobierno lo que deba.

El reconocimiento no es solo “al más cobrón”. La eficiencia en el tema está en función de cuál es el volumen de agua producido y el volumen distribuido, cuáles los mecanismos para su medición, el volumen de agua facturado y finalmente el cobrado. Así, resulta entonces que los organismos premiados son los responsables de operar el agua en Santa María del Tule, Oaxaca; en Tlaquepaque, Jalisco; en Ensenada, Baja California, y en Saltillo, Coahuila (cada uno, en su categoría, en función de los habitantes del municipio). A su vez, los distritos de riego premiados son aquellos en El Higo, Veracruz; en Pujal Coy, San Luis Potosí, y en el Alto Río Lerma en Guanajuato (cada uno en función del número de hectáreas del distrito). Todos ellos recibieron hace unos días estímulos económicos con los cuales alentarlos a efecto de crear conciencia y servir de ejemplo a los demás organismos en el país. Tiempos modernos: una institución de asistencia privada reconociendo y estimulando a diversos organismos públicos.

Dice el responsable del Comité del Agua de la Fundación, Jesús Reyes-Heroles, que si bien la problemática del agua es compleja, siempre hay soluciones de tipo técnico. “Se pueden construir presas, acueductos, pozos, plantas de tratamiento e introducir tecnologías para mejorar el uso eficiente del agua. También existen soluciones para tratar aguas servidas y eliminar la contaminación… Por eso, la problemática del agua en México no es técnica, sino institucional. Deriva de la arquitectura organizacional del agua y de un andamiaje jurídico-reglamentario muy deficiente, lo que se traduce, entre otras cosas, en que el agua no se cobre o se cobre mal, salvo honrosas excepciones…”.

En efecto, la problemática del agua tiene múltiples aristas: escasez o desperdicio; desastres naturales por carencia o abundancia; pureza o contaminación, pero sobre todo tiene una pésima administración institucional derivada, cuando menos en parte, de un marco jurídico insuficiente e inoperante. La legislatura anterior, por ejemplo, llevó a cabo una reforma constitucional para declarar como un derecho humano el acceso, disposición y saneamiento de agua “en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible…”. Pero ¿qué quiere decir en la práctica tal disposición del artículo cuarto constitucional? A la fecha nadie sabe; su aplicación se enfrenta a un vacío legal que deja a las autoridades desprovistas de herramientas suficientes para llevar a cabo la administración general del agua de manera eficiente. Y al problema de tener autoridades incapaces hay que añadirle la inaceptable práctica de quien no merece el título de ciudadano, al tomar como motivo de orgullo sacarle la vuelta a la ley y no cumplir con sus obligaciones. Acaso tal para cual.

Por esto y más hay que celebrar la labor de la Fundación Gonzalo Río Arronte y de aquellos organismos y distritos premiados. Es una tarea para seguir impulsando la importancia en la administración de éste y de cualquier otro recurso. Parafraseando al clásico: “Más administración, menos política”.