A la intemperie

Claroscuros fiscales/II

La política fiscal entendida en su sentido más amplio —qué y cómo le quita el Estado a quién, para usarlo en qué y cómo a favor de quién más— es el código genético del Estado, el reflejo de la estructura de poder tanto como del bagaje moral en el que se finca. Así, la propuesta de adecuaciones fiscales para 2014 dice mucho acerca de cómo ve el gobierno no solo las relaciones de poder, sino también su concepción del papel de la sociedad civil en el desarrollo de México.

Muchos cuestionan el carácter redistributivo de la propuesta, el cual es perfectamente defendible en su filosofía, mas no así en varios de sus componentes específicos. Son éstos los que generan la movilización inevitable de sectores afectados por consideraciones específicas de la propuesta, por lo que todo tipo de industrias y sectores han debido hacer el peregrinaje a San Lázaro para argumentar su causa. Muchos de ellos, como la industria maquiladora, el campo, la industria refresquera y varios otros, conforman grupos de poder relevantes, dada su presencia e impacto en distintas áreas de la economía nacional.

Pero no todos los grupos afectados tienen recursos con los cuales llevar a cabo procesos de cabildeo para intentar corregir aquellos elementos de la propuesta fiscal que son a todas luces cuestionables. Pensemos, por ejemplo, en la propuesta de acotar de manera muy relevante las deducciones personales permitidas hoy por ley.

Los profesionistas independientes o los asalariados que presenten declaración anual pueden deducir de su carga impositiva, en varios casos con límites máximos razonables, el ahorro voluntario en afores, los gastos funerarios, el componente real de créditos hipotecarios, las primas por seguros médicos, los honorarios médicos y dentales, así como donativos que hagan a donatarias autorizadas.

Sin embargo, la iniciativa propone que dichas deducciones personales se limiten a lo que resulte menor entre 10 por ciento de los ingresos que se perciban al año o dos veces el salario mínimo anualizado del DF (aproximadamente 47 mil pesos). Como es público que las afores, los bancos, las vivienderas, aseguradoras y otras vienen haciendo su labor, la propuesta tendría un efecto particularmente severo para las donatarias autorizadas, un sector tan necesario como endeble aún en México.

Según datos del Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), en 2009 existían en nuestro país alrededor de 35 mil organizaciones de la sociedad civil, de las cuales poco más de la mitad son de ayuda a terceros. La captación de recursos de dichas organizaciones asciende, según la misma fuente, a la raquítica cifra de 0.04 por ciento del PIB. Estados Unidos, con un número de organizaciones 100 veces mayor al de México, destina a ellas el 1.85% del PIB. ¿Sucede esto solo en países ricos? Compárese nuestra débil cultura de apoyar a organizaciones civiles con 1.09% del PIB Argentino que éstas captan o el equivalente 0.29% en Brasil.

Así como el Estado se expresa a través de la política fiscal vigente, el tejido social de un país se refleja también a través de las organizaciones de la sociedad civil que se crean para atender necesidades para las cuales el Estado no tiene los recursos necesarios. Muchas sobreviven gracias a las donaciones personales que reciben de terceros y que éstos pueden a su vez deducir de sus impuestos, lo cual a su vez obliga a dichas organizaciones a cumplir con una importante serie de requisitos a efecto de mantener de las autoridades fiscales el carácter de donatarias autorizadas. Sin embargo, por lo que concierne a limitar en extremo las deducciones personales, la propuesta fiscal significaría un enorme retroceso en el desarrollo de una mejor sociedad civil en el país.

En campaña y en su discurso de toma de posesión, decía el presidente Peña Nieto que “… comprometo revisar los estímulos, los incentivos y todos los recursos que deben estar enmarcados en la legislación para favorecer y promover la creación de más organizaciones de la sociedad civil… la cercanía de mi gobierno se reflejará, también, en una estrecha relación con las organizaciones de la sociedad civil...”. Es tiempo de cumplir también ese ofrecimiento.