A la intemperie

El otro muro

Canadá y Estados Unidos comparten la frontera física más larga del mundo entre dos países: 8 mil 849 kilómetros, lo que es casi el triple de la frontera común que tenemos con nuestro vecino del norte. Aun si se excluyera la línea divisoria entre Alaska y la Columbia Británica y el Yukón, el resto de la frontera entre dichos países seguiría teniendo la misma distinción, con cerca de 6 mil 500 kilómetros.

Establecida por el Tratado de París en 1783, Estados Unidos concentra sobre dicha frontera a 2 mil 100 agentes de su patrulla fronteriza. El resto, cerca de 20 mil, está evidentemente en los cuatro estados que colindan con México. Hay otros, como Montana, con casi 900 kilómetros de frontera, que dependen de un centenar de rancheros privados para dizque patrullar la línea divisoria, la que en algunas zonas está demarcada y "protegida" únicamente por conos anaranjados. Hasta ahora, ha sido en realidad una frontera sin frontera, en la que "contrabando" quiere decir comercio irregular en ocasiones de leche o de tabaco, de madera para construcción o de algún otro producto similar.

Pero soplan nuevos aires en Ottawa. Algunas políticas del nuevo gobierno liberal del primer ministro Justin Trudeau han hecho que voces en la extrema derecha estadunidense comiencen a argumentar sobre la conveniencia de construir otro muro... éste otro con su vecino del norte. Por un lado, les preocupa que el nuevo gobierno canadiense tenga no solo un proceso de inmigración fast track para refugiados sirios y de otros países de la zona, sino que también haya indicado que la meta de absorción anual de dichos inmigrantes, 25 mil para este año, habrá de duplicarse para 2019. Compárese este esfuerzo con el de Estados Unidos, que recibirá aproximadamente 15 mil inmigrantes sirios este año. Por otro lado, les preocupa también que el gobierno de Trudeau presente a inicios de 2017 una iniciativa de ley para legalizar la mariguana. "Ésta debe estar lejos de las manos de los niños, así como los beneficios deben estar lejos de las manos de los criminales", ha dicho la ministra de Salud, curiosamente de apellido Philpott.

Acaso ya nadie se acuerde, pero la comisión del Congreso estadunidense que investigó los ataques del 11 de septiembre concluyó que si bien los terroristas habían entrado legalmente a Estados Unidos, en años previos se habían dado múltiples casos de miembros de Al Qaeda que ingresaban a Estados Unidos con toda tranquilidad (y frecuencia) desde Canadá, siendo ciudadanos de éste muchos de ellos.

Otra manera de argumentar la insensatez del muro de Trump es que le exijan que construya otro, ahora al norte. Algún día podrán hacer lo mismo en los mares, aunque por lo pronto la preocupación de mi Tía Cleta es qué pasará con la mariposa monarca si tiene que volar sobre tanto muro.

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