A la intemperie

Cambiar la conversación

La conversación pública este año se ha centrado alrededor de la reforma energética. ¿Cómo se desdoblará esta plática en unos años?

Por más plurales y complejas que sean, las sociedades tienden a transitar por coyunturas en las que ciertos temas predominan en la conversación pública. Sin dejar de lado otros asuntos que puedan estar igual de presentes en la conversación, el hecho es que en ocasiones la charla colectiva se entrelaza alrededor de asuntos que definen cuando menos buena parte del futuro.

Pensemos en 1984. Hace 30 años, la conversación pública se centraba alrededor de la reestructuración de la deuda externa y la crisis económica heredada por el presidente De la Madrid tras 12 años de irresponsabilidad económica. George Orwell se hacía presente mientras se hablaba tibiamente de la “renovación moral de la sociedad” tras la quiebra de los Emiratos Unidos Mexicanos.

Diez años después tuvimos una conversación de intensidad inusitada y por tanto en ocasiones cacofónica y casi ensordecedora. Entre el TLC y los zapatistas y los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu y los secuestros y una elección muy concurrida, el año terminó de forma tal que dominaría la conversación en los años siguientes.

El año 2004 no fue hace mucho, aunque parezca lejana una conversación pública que versaba alrededor del desafuero o del “compló”, de la marcha contra la inseguridad y del desencanto con la “pareja presidencial” y el desistimiento de las ambiciones presidenciales de Martita.

Sin lugar a dudas, el tema central de la conversación pública este año han sido las reformas estructurales emprendidas por la actual administración y, en particular, la reforma energética. Ésta bien puede catalogarse como histórica en toda la extensión de la palabra. Se trata de una reforma que conjuga y equilibra soberanía del Estado sobre sus recursos energéticos con mecanismos de mercado para poder traducir esa riqueza latente en oportunidades de desarrollo real para los mexicanos. Atrás ha quedado un modelo de explotación energética que tuvo su razón de ser en su momento y generó rendimientos positivos para el país hasta que, anclado en una ecuación ideológica de otros tiempos, el modelo se fue convirtiendo en una camisa de fuerza cada vez más absurda, más constreñida, limitando el movimiento de las capacidades productivas del país y por tanto el acceso a una sociedad más próspera, justa y equitativa.

Los adjetivos fáciles restan seriedad a aquello a lo que se califica o determina, pero el hecho es que el conjunto de reformas estructurales, en particular las modificaciones a los artículos 25, 27 y 28 constitucional junto con sus leyes reglamentarias, viene a modificar el paradigma económico de México. El causal está en la visión y la capacidad de operación política de la actual administración, junto con un grupo de legisladores experimentados cual más que hizo posible un ciclo de reformas como el país no había logrado en décadas.

No será automático, sin embargo, el que éstas puedan traducirse en beneficios reales para la población. “Ni el camino será fácil ni los resultados llegarán de inmediato”, ha escrito el Presidente en un artículo que resume el porqué del paquete de 11 reformas estructurales que han visto la luz en menos de 20 meses. No queda pues más que hacer un reconocimiento y subrayar que será en la implementación donde se juzgará la valía de las reformas.

¿Cuáles serán los aspectos que dominen la conversación pública en unos años alrededor del tema energético? Ojalá sean temas como cuál ha sido la asociación más provechosa para Pemex, si con empresas públicas como la árabe Saudi Aramco o la china CNPC, o con empresas privadas como BP o Royal Dutch Shell, y no cuál ha sido el mayor incidente petrolero en el golfo, si el del Ixtoc I en 1979 o el de DeepwaterHorizon en 2010 o el que pueda suceder en 2024. Ojalá sean temas como cuál ha sido la zona del país con el mayor despegue industrial en virtud del desarrollo energético, y no cuál ha sido el nuevo escándalo de corrupción en una empresa pública coludida con una privada. Ojalá sean temas como el primer barril obtenido en aguas profundas o el primer peso proveniente del Fondo Mexicano del Petróleo invertido en el sector educativo, y no algún proyecto de inversión tirado a medias por la inhabilidad burocrática de sacarlo adelante. El futuro tiene la palabra.

mp@proa.structura.com.mx