A la intemperie

¿Acuerdo mínimo sobre el salario mínimo?

La discusión pública alrededor del salario mínimo permite un diálogo inteligente y soluciones compartidas. Hay que aprovecharlo.

Una parte sustancial de la argumentación de los sectores progresistas alrededor de la reforma energética ha estado cargada de ideología, pero lejana a la razón; llena de adjetivos, pero sin sustantivos; anclada en el pasado y sin alternativa viable de futuro. Tan solo por eso es de reconocerse que el jefe de Gobierno de la Ciudad de México haya colocado en la discusión pública el tema del salario mínimo sin poblar la discusión de adjetivos. Acaso conoce la máxima del gran poeta chileno Vicente Huidobro: “Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; el adjetivo, cuando no da vida, mata”.

En realidad no importa si el primer plan para aumentar los salarios provenía del gobierno federal a inicios de esta administración o no. Es algo para el historiador o el anecdotario, similar a la discusión sobre quién o quiénes fueron los primeros en cruzar el Atlántico y “descubrir” América. ¿Los egipcios? ¿Los Templarios? ¿El monje irlandés san Brandán? Aun si lo hicieron, la historia no cambió con ello sino hasta la llegada de Colón, por lo que el genovés tiene merecidamente el lugar que le corresponde en la historia. Igual sucede con la discusión alrededor del salario mínimo: aunque no se trate de un ámbito de sus atribuciones, lo que no es asunto menor, quien ha colocado el tema en la agenda, y enhorabuena por ello, ha sido el gobierno de Miguel Ángel Mancera.

La discusión pública coincide en que el salario mínimo no cumple con un mandato constitucional a punto de cumplir un siglo y que en su artículo 123, al día de hoy, señala que “los salarios mínimos deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural…”. Los 67.19 pesos diarios no cubren pues ni las aspiraciones programáticas de la Constitución ni tampoco los 2,543.99 pesos mensuales que el Coneval determina como la “línea de bienestar”: el valor mínimo de la canasta alimentaria y de la canasta no alimentaria por persona al mes.

Donde aún no parece haber “acuerdo mínimo” es en qué hacer al respecto. Por un lado, siendo un indicador clave en la economía para determinar el precio del trabajo (como lo es la tasa de interés para el dinero o el tipo de cambio para la moneda), hay quien argumenta que debe ser la ley de la oferta y la demanda, el mercado, quien determine el salario mínimo. Algunos llegan al extremo de señalar que “perfectamente, una economía de mercado libre puede hacer esa retribución [el salario mínimo] justa” (Germán Martínez, Reforma, agosto 18). Por otro lado, hay quien dice que debe ser la ley, la ley a secas, el Estado, quien lo determine por decreto. De 67 a 80  pesos o, ¿por qué no?, a 90 o a 100 pesos. ¿Qué tanto es tantito?

Lo relevante es qué dicen los hechos. Dicen que, medido en términos reales para eliminar el efecto de la inflación, el salario mínimo ha caído 25 por ciento tan solo en los últimos 20 años. Los hechos dicen que en la última década la masa salarial, entendida como la suma total de las remuneraciones de los asalariados, también ha caído de 31% a 27% del PIB (El Financiero, agosto 20). Ello significa menores ingresos disponibles para la población y por ende un mercado interno débil que no puede impulsar un mayor crecimiento económico. Los hechos dicen que la informalidad ha aumentado y que son cerca de 7 millones de mexicanos quienes reciben un salario mínimo (no pocos seguramente lo complementarán por otras vías), los que a su vez son presa del hecho de que, a lo largo de los años, el salario mínimo se ha venido convirtiendo irresponsablemente en una unidad de cuenta para determinar el valor de las multas o el monto y pago de créditos hipotecarios o el nivel de las pensiones y tantas cosas más.

Si el tema va a llegar a buen puerto, acaso es posible el siguiente acuerdo mínimo: 1) desvincular el salario mínimo del cálculo de cualquier otra función que no sea el valor del trabajo, lo que significará el triunfo de las UDI; 2) colocar el análisis y discusión donde corresponde, que es el nivel federal; 3) contar con el mejor respaldo “científico” antes de tomar determinación alguna; 4) reconocer que la economía no necesita otro factor de incertidumbre más, por lo que se requiere una resolución expedita sobre el tema. ¿Es mucho pedir?

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