Opinión

La cuarta necesidad

La música es, si así se le quiere ver, una forma de arte que constituye el corazón de una forma corporal cuya imagen es el mundo que habitamos. Es, según Johann Sebastian Bach, una agradable armonía para el honor de Dios y los deleites permitidos del alma. Tiene la capacidad de nombrar lo que no tiene nombre y comunicar lo desconocido, en palabras de Leonard Bernstein.
Y así podría seguir citando frases ingeniosas de gente importante que ha reflexionado acerca de la música, pero no tendría ningún sentido. Para eso existen ya bastantes diccionarios de frases célebres. Al hacer la pesquisa para redacción de esta nota, me topé con una que me parece digna de mención por la realidad que vivimos: "La música es la cuarta gran necesidad de la naturaleza humana: primero el alimento, después el vestido, después el techo, y luego la música". Este retazo de genialidad fue autoría del neoyorquino Christian Nestell Bovee (1820-1904), un brillante escritor de epigramas de quien hoy nadie se acuerda, y que logró reunir su obra en dos volúmenes que actualmente ya no se editan. Lástima.
Hace poco recibí un correo de un amigo que vive en Aguascalientes con la alarmante noticia de que en algunas escuelas de aquel estado, se sopesaba seriamente la posibilidad de que la educación artística desapareciera de la currícula. Sí, aunque para nada nueva. En nuestro país, hace décadas que las artes y en especial la música se han vuelto materias de relleno y completamente prescindibles en la formación humana. Grave error.
De la misma forma que con los aforismos musicales, también podría seguirme de frente despotricando contra las nulas políticas nacionales y estatales en materia de arte, pero, ¡bendita ironía!, tampoco tendría sentido. Pienso que así como la materia de español la comenzamos a estudiar en la primaria cuando ya somos hispanohablantes; que de la misma forma en que las matemáticas van (o deberían ir) tomando forma en nuestra mente con nociones básicas que adquirimos desde casa; así también debería ser nuestra formación musical: a partir del natural contacto con ella.
Sí, es cierto, aquí pueden entrar discusiones como ¿a qué música acercarnos?, ¿cuál es la "buena" música y cuál la "mala"? y, por supuesto, ¿cómo se debe escuchar la música? Yo, de una vez lo confieso, no soy ningún especialista en el tema; soy un diletante que se ha acercado al universo de los pentagramas y de las armonías de una forma libre pero eso sí, con mucha curiosidad y ganas de aprender.
Sin pretender servir de ejemplo, creo que es de esta forma como todos deberíamos acercarnos a la música: sin miedo. Con la seguridad de que así como en el curso de nuestra vida hemos ido probando de todo y quedándonos con aquello que consideramos mejor, así es conveniente darle probaditas a las creaciones de un tal Mozart, o de otro de apellido Beethoven o de cualquiera que, semana con semana, si me lo permiten, les iré comentando.