Fortuna y poder

Sismos, golpe a los más pobres

Luego de los terribles sismos que sacudieron a varios estados de la República mexicana y Ciudad de México, la gran pregunta es quién va a ayudar a los damnificados a recuperar su patrimonio.

La buena noticia es que el impacto para la economía y las finanzas públicas puede ser neutro, es decir, aunque pueda registrarse cierta desaceleración en el crecimiento económico, la reconstrucción lo compensaría.

La mayoría de los analistas coincide en que los sismos no descarrilarán las finanzas públicas que hoy gozan de notable fortaleza.

Los impactos a la industria, a las empresas, al comercio fueron limitados. En consecuencia, no se espera mayor efecto ni en el crecimiento económico ni en las finanzas públicas.

No hay que dejar de reconocerlo, la política de administración de riesgos de los últimos gobiernos ha sido buena, con la constitución del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden) y la contratación del Bono Catastrófico con el Banco Mundial.

En ese sentido, la reconstrucción de la infraestructura y de los gastos relacionados estará cubierta. La gran pregunta es quién va a ayudar a los damnificados a recuperar su patrimonio.

Los sismos golpearon a los más pobres de México, en los estados y en Ciudad de México. En los estados, los municipios más pobres registraron los mayores daños. Las imágenes hablan por sí solas: miles de mexicanos que vivían en pobreza ahora se quedaron todavía más pobres. Los sismos golpearon a los más desprotegidos en términos económicos.

El impacto lo están resintiendo, en la ciudad, aquellos que pagaban su hipoteca con un cofinanciamiento (un crédito de un banco comercial y el Infonavit), que estaban pagando a meses sin intereses sus enseres domésticos, que no tienen póliza de seguro de vida ni de gastos médicos, y mucho menos contra fenómenos catastróficos.

El impacto lo están resintiendo aquellos que rentaban o pagaban inmuebles que fueron construidos o remodelados bajo el cobijo de la corrupción, que oculta por un tiempo las irregularidades, pero que al final los llevan a ser las primeras construcciones en venirse abajo.

O a quedarse sin los revestimientos y mostrar las severas fracturas de sus estructuras y quedar en calidad de inmueble sujeto a diagnóstico, al tiempo que quedan en la calle las personas que los ocupaban.

La casa de miles de mexicanos, que para los bancos, las instituciones financieras y las autoridades es un inmueble, un activo o un valor prendario, es para quienes los habitaban parte de la familia; un valor intangible, tan valioso que no tiene comparación con los valores económicos.

¿Quién les va a ayudar a los damnificados? ¿Quién les va a devolver parte de sus historias, de sus vidas, de sus familias?

Al tiempo.

marcomaresg@gmail.com
Twitter: @marco_mares