Fortuna y poder

Fondo petrolero, la herencia

La reforma energética promulgada ayer por el presidente Enrique Peña Nieto representa el inicio de un nuevo capítulo en la histórica económica de México.

¿Por qué? Por muchas razones: se amplía la apertura del sector energético a la participación de la iniciativa privada nacional e internacional, finaliza la etapa en la que Pemex y CFE fueron monopolio y ambas tendrán que sujetarse a la competencia y a las fuerzas del libre mercado.

Pero además se inicia un nuevo ciclo en la relación entre la hacienda pública y el petróleo, porque en un plazo de cinco años Pemex registrará una reducción histórica en el monto de derechos que hoy paga en casi 90 mil millones de pesos anuales.

No solo eso, por primera vez se crea un mecanismo que buscará garantizar la ¡transferencia de riqueza intergeneracional!: el Fondo Mexicano del Petróleo (FMP).

Será algo así como la herencia de las actuales a las nuevas generaciones.

Si se maneja de manera adecuada y se evita (en el conocimiento de que el FMP tiene candados para evitarlo) que la riqueza petrolera se desvíe al gasto corriente o a la corrupción, podrá ser un ahorro que beneficiará a los mexicanos del futuro.

El FMP será un fideicomiso sin estructura y ajeno a la rigidez de la administración pública federal que tendrá tres objetivos concretos: recibir, distribuir y administrar la riqueza que genere la mayor explotación petrolera derivada de la reforma energética.

El Banco de México administrará el FMP, mediante un comité técnico presidido por el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, e integrado por el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, el propio banco central, de Agustín Carstens, y cuatro independientes.

El FMP tiene reglas muy claras para el pago a privados, la distribución a distintos fondos e, incluso, para contingencias de la economía nacional y, por supuesto, para definir estrategias de inversión.

El FMP tiene candados para evitar que el gobierno federal haga uso discrecional de esos recursos.

Sin embargo, aunque la reforma energética parece vanguardista en el papel, falta ver su ejecución y aterrizaje, que al final de cuentas realizarán seres humanos de carne y hueso.

Nada es perfecto y todo es perfectible, por eso vale la pena que todos estemos atentos para vigilar que la apertura se transforme en progreso y beneficio social.

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