Cuestión Política

La rumorología de México

La serie de rumores y deslizamientos que el sistemagubernamental deja correr entre la ciudadanía, causa siempre inestabilidad yzozobra en la marcha que el país necesita. En momentos tan críticos como losque enfrentamos, no hay un día que la ambigüedad sea el  denominador que prevalece en los sectores dela sociedad.

De ahí que México sea conocido internacionalmente como elpaís de la rumorología, donde el chisme y el dicho popular se convierten enverdades y creencias que el pueblo defiende a ultranza, como parte de una formaque incluso ni el propio gobierno se toma la delicadeza de desmentir o aclarar.

En el inicio de la semana, la administración que encabeza elpresidente Enrique Peña Nieto, dejó correr como suele hacerlo, la versión deque a partir del 2016 el litro de la gasolina costaría cuatro pesos más que elvigente, lo cual, acarrearía mayores apremios a la clase media –casi enextinción– la que absorbe todos y cada uno de los impuestos, alzas ysobreprecios que el gobierno endosa, “sin medida ni clemencia”, al sector que,quiérase o no, mantiene la economía de este país.

Tras hacerse público el rumor del incremento a losenergéticos, las protestas comenzaron a inscribirse en las “influyentes” redessociales. Cuando parecía enrarecerse el clima de negatividad que vivimos todospor igual por la medida que se adoptaría en 2016, el gobierno atajó la versióny, sin dudarlo, el jefe del Ejecutivo federal, envió al secretario de Haciendaa desprender ese dicho que amenazaba con convertirse en otro punto negativo dela agenda nacional.

Hasta la Cámara de Diputados llegaron las protestas connombre y firma y fueron los propios legisladores los que se encargaron dedesmentir los dichos que en apariencia causarían un estrago más a la economía,que ha estado sujeta a los vaivenes de los mercados internacionales y quecausaron, en los tiempos recientes, la devaluación de nuestra moneda frente aldólar, que ha encarecido aún más el costo de los consumos básicos.

Sin duda, fue exitosa la oportuna intervención de loslegisladores para acallar las voces que amenazaban, una vez más, el rumbocertero de nuestras finanzas que afectarían el bolsillo de la clase productiva,con el alza a las gasolinas que desencadenarían aumentos a todos los serviciosen general, como los productos básicos, la electricidad, el gas, la telefonía,rubros que ni siquiera han descendido en su costo como lo ofreció el gobiernopeñista en su toma de protesta, hace ya casi tres años.

Versiones llegaron y se fueron con las afirmaciones de queel reformar la Constitución para dejar que el sector energético nacional seabriera a la inversión internacional y en automático bajaran el costo de losinsumos –así lo ofreció Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía– laverdad es que todo sigue igual que como cuando inició la actual administración.

Por ello, fue vital que el gobierno interviniera hace dosdías para desmentir el supuesto incremento a los precios de los combustibles,ya que iniciaba otra escalada que podría derivar en mayores protestas de todoslos sectores de la sociedad, que sólo desean el bienestar de la nación, empero,exigen que para conseguirlo, no se violente o trastoque el Estado de Derecho.

El no dejar correr más rumores ante el difícil clima de pazy justicia social que vivimos, podrá convertirse en un acierto del gobierno deEnrique Peña, que si bien es cierto, tiene como menester acallar todo vestigiode violencia con la aplicación de la ley, no podemos dejar que persista elcrecimiento de la desestabilidad social, que nos ha causado ya, consecuenciasirreversibles.m

 

L

aserie de rumores y deslizamientos que el sistema gubernamental deja correrentre la ciudadanía, causa siempre inestabilidad y zozobra en la marcha que elpaís necesita. En momentos tan críticos como los que enfrentamos, no hay un díaque la ambigüedad sea el  denominador queprevalece en los sectores de la sociedad.

De ahí que Méxicosea conocido internacionalmente como el país de la rumorología, donde el chismey el dicho popular se convierten en verdades y creencias que el pueblo defiendea ultranza, como parte de una forma que incluso ni el propio gobierno se tomala delicadeza de desmentir o aclarar.

En el inicio de lasemana, la administración que encabeza el presidente Enrique Peña Nieto, dejócorrer como suele hacerlo, la versión de que a partir del 2016 el litro de lagasolina costaría cuatro pesos más que el vigente, lo cual, acarrearía mayoresapremios a la clase media –casi en extinción– la que absorbe todos y cada unode los impuestos, alzas y sobreprecios que el gobierno endosa, “sin medida niclemencia”, al sector que, quiérase o no, mantiene la economía de este país.

Tras hacersepúblico el rumor del incremento a los energéticos, las protestas comenzaron ainscribirse en las “influyentes” redes sociales. Cuando parecía enrarecerse elclima de negatividad que vivimos todos por igual por la medida que se adoptaríaen 2016, el gobierno atajó la versión y, sin dudarlo, el jefe del Ejecutivofederal, envió al secretario de Hacienda a desprender ese dicho que amenazabacon convertirse en otro punto negativo de la agenda nacional.

Hasta la Cámara deDiputados llegaron las protestas con nombre y firma y fueron los propioslegisladores los que se encargaron de desmentir los dichos que en aparienciacausarían un estrago más a la economía, que ha estado sujeta a los vaivenes delos mercados internacionales y que causaron, en los tiempos recientes, ladevaluación de nuestra moneda frente al dólar, que ha encarecido aún más el costode los consumos básicos.

Sin duda, fueexitosa la oportuna intervención de los legisladores para acallar las voces queamenazaban, una vez más, el rumbo certero de nuestras finanzas que afectaríanel bolsillo de la clase productiva, con el alza a las gasolinas quedesencadenarían aumentos a todos los servicios en general, como los productosbásicos, la electricidad, el gas, la telefonía, rubros que ni siquiera handescendido en su costo como lo ofreció el gobierno peñista en su toma deprotesta, hace ya casi tres años.

Versiones llegarony se fueron con las afirmaciones de que el reformar la Constitución para dejarque el sector energético nacional se abriera a la inversión internacional y enautomático bajaran el costo de los insumos –así lo ofreció Pedro JoaquínColdwell, secretario de Energía– la verdad es que todo sigue igual que comocuando inició la actual administración.

Por ello, fue vitalque el gobierno interviniera hace dos días para desmentir el supuestoincremento a los precios de los combustibles, ya que iniciaba otra escalada quepodría derivar en mayores protestas de todos los sectores de la sociedad, quesólo desean el bienestar de la nación, empero, exigen que para conseguirlo, nose violente o trastoque el Estado de Derecho.

El no dejar correr más rumores ante eldifícil clima de paz y justicia social que vivimos, podrá convertirse en unacierto del gobierno de Enrique Peña, que si bien es cierto, tiene comomenester acallar todo vestigio de violencia con la aplicación de la ley, no podemosdejar que persista el crecimiento de la desestabilidad social, que nos hacausado ya, consecuencias irreversibles.m