Cuestión Política

El periodismo, arma casi mortal

El asesinato del periodista Javier Valdez, de RíoDoce, de Culiacán, fue la gota que derramó el vaso de un sistema gubernamental acotado y siempre cuestionado, por su burocratismo y corrupción extrema que lo ha caracterizado en los últimos cinco años.

El gremio periodístico, infaltable de unidad a pulso en los momentos de angustia de cualquier colega, desvela la realidad de un esquema político que ha roto todos los paradigmas delineados a través del tiempo.

Parece que fue ayer cuando los que iniciábamos ese largo peregrinar que da el periodismo, con todo y sus penurias y hasta la explotación física y económica de algunos patrones y dueños de medios de comunicación, pero también, por qué no, con los grandes satisfactores que te daba llevarte una nota "de ocho columnas".

Ese periodismo ya no existe.Desapareció.

Y se fue por la modernidad galopante que acabó con todos, con la inclusión del tradicional periodismo, ese del sistema caliente, el de linotipos y planchas de acero para elaborar un siempre apreciado periódico, para transformarlo en computadoras y formadores que no admiten errores del que la alimenta.

Así se fue también el periodismo donde, con una libreta, pluma y grabadora entrevistabas al personaje que te asignaba el jefe de información o la nota que elaborabas gustoso al personaje que encontrabas en las "fuentes" que te tocaban. Y no exponías el físico por lo que decías o criticabas. Antes te amparaba el ser periodista. Ahora hasta ni al gobierno le importa si te cortan la vida.

Escribir en estos tiempos donde el narcotráfico es casi tema obligado, con sus complicidades y lo que de él gravemente se desprende, puede acabar con tu existencia como lo ocurrido a Javier Valdez, en la capital sinaloense, tierra de nadie o como vivimos ya en casi todos los rincones del país.

El pronunciamiento hecho por el presidente Enrique Peña Nieto en torno al asesinato de Valdez y todos los colegas acribillados en su administración no será suficiente, si su régimen no protege la libertad de expresión. Donde el ciudadano proyecte a través de los medios de comunicación, su sentir. Su molestia de que no es atendido como debe y porque no se hacen las cosas como quisiera.

México enfrenta una verdadera crisis de toda índole. No hay respeto por la figura presidencial. Por las instituciones. Por la familia. Por nada y ya llegó el tiempo de la conversión.

No más agresiones ni muertes que queden impunes. Que vuelva a implantarse el estado de derecho y el del respeto irrestricto a las clases sociales. No más vacilaciones. Ni titubeos a la aplicación de la ley. A qué le tenemos miedo?

No tendrá que haber prórroga a la formalidad del sistema para atacar de manera frontal a la delincuencia.

Deben de prescindirse de los elementos policiacos y militares que han admitido la corrupción como parte formal a la que pareciera ser, ya nos acostumbramos.

Hay que acabar con esa delincuencia que lacera nuestra paz interna y la que añoramos como si hubiera existido en nosotros de forma fugaz.

No. Hay que permanecer en esa lucha de entrega total a la nación, porque no debemos olvidar, que todos, los más de 120 millones de mexicanos somos parte esencial de ella. No hay que olvidar.