Cuestión Política

Peña y sus detractores

A poco más de un mes de concluir el segundo tercio de su mandato, Enrique Peña Nieto ha perdido la confianza de la ciudadanía y será casi imposible que logre al final de su administración, el acercamiento y el beneplácito con los sectores sociales del país que lo han criticado y fustigado por la falta de decisiones a tiempo de lo más elemental que requiere México: seguridad y paz duradera.

La serie de desencuentros que ha registrado el Jefe del Ejecutivo federal en cuatro años de su gestión, han caído como una pesada losa en el ánimo de los más optimistas, que ya no saben a quién encomendarse por las fallas y errores cometidos por el Presidente y sus colaboradores, a los que mantiene en sus puestos, no obstante su falta de oficio político.

Tocante al rubro de su equipo, ninguno ha mostrado los arrestos suficientes para salir en defensa de su jefe –como en otros gobiernos– y queda claro que nadie es capaz de sacar la casta y defender aunque sea por solidaridad a quien los eligió para trabajar a favor de México.

Reza el refrán, "con esos amigos para que quiero enemigos", que bien puede aplicarse a sus colaboradores, que no han tenido ni la cordialidad, menos el valor de manifestar que, si bien es cierto las políticas delineadas desde Palacio Nacional no han sido las adecuadas, nadie absolutamente ha sido agradecido y leal, al subsistir en el gabinete peñista que deambula ya entre la incredulidad.

De ahí que la última frase esgrimida por el mandatario de la nación en el foro que encabezó hace un par de días le salió tan mal: "ningún presidente se levanta con el ánimo de joder al pueblo". Ha significado otra dura crítica para el inquilino de la residencia oficial de Los Pinos, que ninguno de sus colaboradores ha dicho, "esta boca es mía"

De manera lastimosa, y se corrobora a través de las cada vez más influyentes redes sociales, que la nave que capitanea Enrique Peña Nieto ha zozobrado en un mar revuelto formado por las circunstancias, por las caída de los precios internacionales del petróleo, la crisis financiera cada vez más galopante, así como los entuertos políticos que han caracterizado al gobierno del cambio a partir del 1 de diciembre del 2012.

Faltan solo dos años para dar término legal al gobierno de Peña. Tiempo que parece inagotable ante el surgimiento de todas las crisis que han hecho palidecer a propios y extraños y a hacer carcajear a los detractores, a los agoreros del pesimismo y, por qué no, a los enemigos de México.