Cuestión Política

México no ha cambiado

Las falsas promesas del gobierno federal de que en el mediano plazo habría menores índices inflacionarios y servicios primarios al "alcance de todos", se convirtieron solo en expectativas para creer que México cambiaría a partir del ascenso al poder de Enrique Peña Nieto.

La realidad es otra: la carestía de los insumos básicos como las gasolinas, el diesel, la electricidad y hasta el gas doméstico, han sido parte de la escalada de precios que día a día han mermado la economía de casi 120 millones de mexicanos que no saben ya a quién dirigirse, para que la situación económica se modere o cuando menos, se estabilice a estándares equilibrados.

Aunado a lo citado, los conflictos políticos, que enfrentan muchas entidades federativas, han agravado la estabilidad social que no solamente ha sido amenazada sino vilipendiada en todos los rubros. No existe, ahora sí, ningún sitio donde los mexicanos nos sintamos seguros para transitar o deambular con paz duradera.

Para infortunio de los que vivimos en nuestra querida patria, las cosas ya no pintan tan halagadoras como cuando muchos creyeron que la nación cambiaría con el triunfo electoral de Peña Nieto y al que se le depositó la confianza para subsanar los errores que cometió su partido, el Revolucionario Institucional, en más de 70 años en el poder y los 12 últimos de Acción Nacional.

La alternancia en el poder parecía que conduciría a México a mejores estadios que los vividos a partir de la instauración de la auténtica República. En donde los gobernantes se convertirían en los salvadores del pueblo.

Empero, esa alternancia que fue concebida por la ciudadanía que se hartó de los abusos y del exceso del entonces poder priista que sucumbió ante el voto que depositaron millones de connacionales en favor de Vicente Fox en el no muy lejano 4 de julio del 2000 –fecha que quedó escrita en los anales de la historia moderna de México– y que significó el verdadero parteaguas de la política mexicana.

En apariencia, todo iba bien. Los mexicanos estaban inmersos en que la derrota del PRI sería la alternativa para que cambiáramos de rumbo, donde la auténtica democracia fuera el común denominador en la que confluirían todas la ideologías políticas, cada quien con sus esquemas pero en un encuentro de la fórmula que restañara los caminos que se habían maltrecho con tantos abusos de los gobernantes en turno.

Tampoco con los panistas se notó el cambio del sistema, porque al igual que los priistas, los albiazules o cuando menos integrantes del gobierno federal de ese partido, abusaron y también hicieron negocios al amparo del régimen que los cobijó a grado tal, que muchos de ellos gozan de excelsas fortunas equiparables a jeques árabes.

Llegó Felipe Calderón, quien ponderó que en su gobierno no cabrían ni los abusadores ni los corruptos, muchos de ellos emanados de Acción Nacional, los que tampoco respondieron a los intereses de la nación y sí, en cambio, a los particulares que los enriquecieron también de manera escandalosa.

Con Peña Nieto las cosas no han cambiado. Ahí están las crisis económicas y para citar algunos ejemplos de sus correligionarios, los bandidos que gobernaron Coahuila, y los actuales de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, quienes se hicieron multimillonarios, violadores de la ley y todos ellos, gozan de la libertad, burlándose de los preceptos constitucionales y de sus gobernados, los que creen firmemente que la ley se hizo para trastocarla.