Cuestión Política

Sin García Zalvidea decaerá el turismo

Se fue un ícono del turismo nacional: Fernando García Zalvidea. Un hombre que luchó "a brazo partido" porque Cancún fuera situado en el contexto mundial. Y logró ese objetivo.

Con el decidido apoyo de otros infatigables empresarios, lo consolidó. A grado tal, que ese destino del Caribe mexicano, es ya, el más importante de América Latina.

Y es que hasta el martes, el otrora mejor operador turístico del país, tenía todavía un futuro promisorio en el singular rubro que mantiene a la nación, en un lugar preponderante en cuanto a la subsistencia de la llamada industria sin chimeneas; generador de divisas y creador de más y mejores fuentes de empleo.

García Zalvidea no cejó en su lucha diaria. Lo mismo estaba en Cancún que en París. Londres. Madrid. Nueva York. Rusia, Japón. Ciudad de México. No tenía descanso. Para él, todos los días eran de producir.

Para nadie es un secreto que el dueño de una de las cadenas hoteleras más importantes de la república –cien por ciento nacional, uno de sus orgullos- y la agencia de viajes de mayor influencia en el mercado turista, Best Day, fueron parte de esa gran obra lograda a través de casi 30 años de incansable trabajo.

No se piense que Fernando tuvo "día de campo" para llegar hasta donde quiso. No. Tuvo conflictos y desencuentros con varios de sus homólogos que entre otros objetivos, quisieron imponer el Home Port –llegada de cruceros de alta envergadura en la Riviera Maya-.

Algunos de ellos, inversionistas y funcionarios gubernamentales del regimen foxista, apostaron que el entonces jefe del Ejecutivo federal, aprobaría la moción.

Hace ya casi doce años de esa lucha donde el propio García Zalvidea la encabezó y salió diezmado. Apoyado por Abelardo Vara y los hermanos José y Roberto Chapur, para que el Home Port no acabara con la boyante ocupación hotelera, -la que hasta la fecha, es el sostén de miles de familias cancunenses- se anotó otro blasón a su larga y fructífera trayectoria.

De igual forma, el empresario obtuvo hace unos meses, otro objetivo trascendente: que los estadounidenses lo voltearan a ver para hacerlo socio de uno de sus miles de emporios.

Le ofrecieron ser copartícipe de las utilidades de la firma Hyatt e iniciar un proyecto a mediano plazo de construir hoteles en el Caribe, tanto el nuestro como el de Centro y Sudamérica.

Sabemos bien que los vecinos del norte son altamente interesados y sólo que alguien les reditue interesantes ganancias, lo ponderan y concienten sobremanera, como aconteció con García Zalvidea.

Sin embargo, el destino del próspero empresario estaba marcado. El martes pagó tributo a la madre tierra que lo vio crecer a alturas inconmensurables a las que contados mexicanos tienen acceso.

Se fue un gran hombre. De gran fe y amor a sus semejantes, como consta en su obra social: la Ciudad de la Alegría, un sitial donde tienen cabida los más desprotegidos, los que no tienen nada, donde creó desde albergues hasta escuela primaria y secundaria y quienes egresen de ahí, reconocerán algún día ese gran legado que deja Fernando García Zalvidea, él sí, un hombre de su tiempo.