TORRE AZUL

La urgencia del cambio

Afirmar que en Acción Nacional no ha habido casos de corrupción, es tan absurdo como aceptar que ese cáncer destructivo de la institucionalidad y el estado de derecho ha permeado a todas las estructuras del partido convirtiéndolo en un remedo del PRI.

Es cierto, por ejemplo, que hoy en día purgan condenas por cometer actos ilegales cuatro exgobernadores; uno surgido del PAN y el resto del PRI. Lamentablemente, ha habido otros casos de escándalo que involucran a panistas así como a miembros de otros partidos. Debido a ese hecho, hay quienes sostienen que “todos son iguales”.

El problema de tal afirmación es que toma la parte por el todo y por eso entraña una enorme injusticia, pues la corrupción de algunos no nos hace corruptos a los demás, así como la simulación de una falta por parte de un futbolista, no hace tramposo al resto del equipo.

Ahora bien, si lo que estuviera en juego fuera sólo la imagen de un partido o de sus miembros, la ligereza de la acusación podría dejarse pasar. Pero no, el daño más profundo se causa al país y a su posibilidad para salir adelante, porque sólo sirve para desalentar la participación ciudadana en la muy importante tarea de elegir a quienes ocuparán cargos públicos, aun tratándose de las candidaturas independientes de donde, más tarde o más temprano, tendremos lamentablemente uno o más casos de corrupción. Si “todos son iguales”, entonces no hay esperanza.

En ese sentido, no hay que ser demasiado astuto para darse cuenta de que, el “todos son iguales” no beneficia a nadie más que al PRI, cuyo voto clientelar le hace ganar elecciones sin la necesidad de una elevada participación en las urnas.

Ahora bien, aquello que hace distintas a las naciones nórdicas - consideradas como las menos corruptas del planeta - de sociedades como la nuestra, no es la ausencia de corrupción sino que en ellas no hay impunidad. Allá la ley se aplica de manera invariable. Aquí, sólo ocasionalmente cuando hay alternancia.

Si no se vota bajo el argumento de que “todos son iguales”, la posibilidad para que rindan cuentas aquellos que han utilizado el poder para enriquecerse, sin importar el partido del que provengan, se anula casi por completo.

Durango y Coahuila han padecido las consecuencias de la hegemonía partidista. El cambio para ambas entidades es urgente, al menos de que se desee que casos como el de Humberto Moreira, quien goza de total impunidad, se sigan presentando.


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