TORRE AZUL

Nuestra democracia

A los mexicanos nos ha costado mucho nuestra democracia. Por eso, no puede sino ocasionar tristeza la manera en que se ha perdido la fe en ese sistema político. De acuerdo al Latinobarómetro 2015, únicamente 19% de los encuestados en el país está satisfecho con la democracia; 18 puntos por debajo del 37% que respondió en ese sentido en 2013; y muy lejos del 63% que se obtuvo en 2002.

Algo, sin duda, no está funcionando bien. El tema económico, por supuesto, impacta en la percepción que los ciudadanos tienen en torno a la democracia. Difícilmente las personas van a apoyar a un régimen incapaz de generar prosperidad. Hoy, el bienestar de los mexicanos existe sólo en el discurso de las autoridades.

Quienes observamos de cerca la realidad de la gente, sabemos de primera mano que está atravesando por momentos muy difíciles. Además, parece que no terminarán pronto. Pero, la democracia no es la culpable de la falta de oportunidades, de la desigualdad o de injusticia.

Son los que han abusado de sus posiciones de poder quienes tienen al país postrado, sosteniendo crecimientos mediocres, al tiempo que se llenan indebidamente los bolsillos de dinero mal habido. Son los corruptos, los negligentes, los inmorales, los malos mexicanos, quienes han ocasionado que ese gran regalo que es la democracia, hoy sea despreciado. 

Tenemos que salir, entonces, a la defensa de la democracia. Desde todos los frentes, desde todas las ideologías. Necesitamos evitar que los corruptos triunfen. Los mecanismos legales, como la Ley General de Transparencia y el Sistema Nacional Anticorrupción deben convertirse en las armas de la razón, que pongan un hasta aquí al saqueo impune que deja sin oportunidades a las mayorías. 

Los grandes desfalcos –como la megadeuda de Coahuila– deben finalizar; sus responsables tienen que recibir justo castigo. Pero, sobre todo, los mexicanos debemos ser capaces de construir, para todos, un modelo de generación de riqueza y distribución de la misma que detone la inversión productiva, la generación de empleos dignamente remunerados y las condiciones que fomenten el desarrollo de nuestro inmenso potencial humano. 

La democracia, la nuestra, nos da la oportunidad de lograr eso que para algunos puede parecer utópico, pero que es factible en la medida en que comencemos a participar de forma más activa; entregándonos firmemente a nuestras tareas del día a día, sin mezquindades; con la convicción de que México puede ser un mejor lugar para vivir, si servimos a los demás, si los comprendemos y abrazamos sus esfuerzos y su nobleza. 


Face: marcelotorresc