TORRE AZUL

Recortar la corrupción

El miércoles pasado el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, anunciaron medidas tendientes a disminuir los efectos que la volatilidad internacional ha traído a nuestra economía. Sin duda, era un paso tanto responsable como necesario; pero, también insuficiente. El problema de raíz sigue estando en donde mismo: La ceguera ante las culpas propias.

Es cierto que el mundo experimenta fuertes desequilibrios económicos, pero también lo es que los errores, malas prácticas y corruptelas del gobierno de Peña Nieto, han agravado la situación, lesionando de manera severa la economía, sobre todo, de las familias mexicanas. Mientras sean ellos quienes gobiernan; mientras permanezcan en su necedad de sostener una política fiscal que ahuyenta la inversión y castiga al mercado interno y, sobre todo, mientras sigan haciendo del servicio público un muy jugoso negocio personal, México no tiene esperanza.

Por supuesto, el recorte del gasto público era una medida indispensable. No obstante, los 132 mil 300 millones que se dejarán de erogar, son una cantidad mínima comparada con lo que el país pierde anualmente por la corrupción. Es allí en donde se debería aplicar el verdadero recorte. El propio Banco de México ha reconocido que el año pasado, 2015, la corrupción le costó al país 1 billón 602 mil 986 millones 130 mil pesos, el equivalente al 9 por ciento de su Producto Interno Bruto.

El mismo miércoles que Videgaray y Carstens se presentaban como “salvadores de la nación”, la Auditoría Superior de la Federación (ASF), entregó su Informe general de la cuenta pública 2014. Es muy importante recordar que la ASF, por cuestiones de capacidad y logística, sólo revisa un porcentaje pequeño de la gestión de los recursos públicos. Pues bien, el ya referido Informe demostraba inconsistencias por 42 mil 702 millones de pesos. Me queda claro que no todas esas fallas son producto de corrupción. Sin embargo, son una muestra del descuido que hay en el país, hacia las finanzas públicas.

La gran pregunta es, entonces, ¿cuándo se anunciará un recorte a la corrupción? El propio Videgaray, por ejemplo, podría habernos ilustrado acerca de cómo dejará de lado sus negocios personales, esos que le permitieron hacerse de su casa en Malinalco. Sabemos que jamás lo hará. Y con esa misma certeza, los mexicanos quisiéramos conocer, cuál es del destino de cada peso que sale de las arcas del país.

El problema de México no es nada más cuánto se gasta, es, sobre todas las cosas, quiénes y cómo se lo gastan. Demandemos, pues, un histórico recorte a la corrupción.


Face: marcelotorresc