TORRE AZUL

Literalmente colgados

No hay elemento alguno que permita afirmar de manera objetiva, eso que los priistas suelen vociferar: Que saben gobernar. El país entero se les está cayendo en pedazos; las previsiones de los especialistas rayan ya en el pesimismo; y sin embargo, siguen tomando decisiones cargadas de banalidad, porque lo único que tienen en mente son las siguientes elecciones.

Sí, el PRI sabe ganar elecciones, pero simplemente no pueden –o peor todavía, no quieren- generar buenas administraciones públicas. Y eso se replica en todo el país. 

Por supuesto, hay priístas de todo, malos y peores, tampoco ellos son todos iguales. Javier Duarte, el gobernador de Veracruz, es una muestra de lo peor que puede surgir de ese partido.

Pero, no ser como el peor no significa ser “bueno”; por eso nuestros juicios sobre los priistas que nos gobiernan no deben contentarse con simplemente comparar a nuestras autoridades con esos casos de escándalo nacional. 

El alcalde de Torreón, Miguel Ángel Riquelme Solís, por supuesto que no es como Duarte, pero tienen el potencial para serlo si mantiene esa actitud, como de enojo permanente ante cualquier asomo de crítica contra su gestión, y sobre todo, si continua sin escuchar a la ciudadanía en su conjunto. La tolerancia debe ser una cualidad de todo político.

Es cosa de que el ingeniero Riquelme recuerde el estruendoso fracaso de la anterior administración torreonense.Como presidente municipal, Eduardo Olmos cometió todos los errores que era posible cometer, pero hubo uno que marcó en definitiva su destino: Tener oídos sólo para el gobernador.

La anterior gestión priista y ésta tienen exactamente eso en común: Olmos y Riquelme han actuado permanentemente como empleados del Ejecutivo estatal y no como servidores de los habitantes de Torreón. Por supuesto, las razones son distintas: Olmos lo hacía por falta absoluta de capacidad, mientras que Riquelme se avasalla porque aspira a ser gobernador. 

Así como en la anterior administración tuvimos el costosísimo capricho de la Plaza Mayor y el nuevo edificio de la Presidencia; ahora tenemos otros caprichos como el famoso Teleférico. No voy a discutir aquí su prioridad porque, mirando el estado de deterioro tan grande en el que se encuentran las calles y avenidas del Centro Histórico de nuestra ciudad, no hace falta alegar si es o no prioritario, porque sabemos que no lo es. 

Aquí el problema de fondo es la cerrazón para escuchar a la ciudadanía, ya de por sí molesta por el desastre de la Morelos y por la colección de fallas que es el Alumbrado Público concesionado. Ojalá y por el bien de Torreón, el ingeniero Riquelme recapacite, y no nos deje, literalmente colgados. 


Face: marcelotorresc