TORRE AZUL

Afrenta para el Estado

Nosotros no pusimos el calificativo “imperdonable”. Fue el Presidente Peña el que en entrevista con el periodista León Krauze, en febrero de 2014, lo utilizó cuando se le cuestionó por una posible nueva fuga de Joaquín Guzmán Loera, alias el “Chapo”, quien por esos días había sido recapturado.

Logro que, por cierto, el Partido Acción Nacional reconoció de manera pública, como correspondía a la oposición responsable que hemos sido a lo largo del sexenio.

Es esa misma actitud (oposición responsable) la que ahora nos motiva a refrescar la memoria del titular del Ejecutivo Federal, porque lo ocurrido el pasado sábado 11 de julio por la noche en el penal de máxima seguridad del Altiplano es, como sentenció a priori el presidente, imperdonable.

Pero también y en virtud de ello, a exigir las renuncias del Secretario de Gobernación, del Comisionado Nacional de Seguridad y del titular del Cisen.

La falta de capacidad de los tres servidores públicos fue puesta en evidencia, no sólo con la fuga del criminal en cuestión –que es razón suficiente para su inmediato cese–  sino incluso con sus reacciones posteriores, que incluyen un muy deficiente manejo comunicacional que ha derivado en una andanada de críticas, rumores y hasta mofas en México y en el extranjero, mermando la ya de por sí gastada imagen presidencial y colocando al país en una posición indeseable ante la comunidad internacional.

Las versiones oficiales sobre el hecho han sido, además, inverosímiles, como el hecho de que se declare como comportamiento “normal” en una celda, el que alguien se meta a la regadera vestido y con zapatos. O que un día nos muestren una foto de alguien rapado y el día siguiente un video en donde tal característica no se presenta.

Encima, nada explica que estando bajo vigilancia las 24 horas del día, los custodios no se hayan percatado de la ausencia sino hasta 30 minutos después de la fuga. Así, podríamos continuar listando las inconsistencias que han caracterizado las explicaciones gubernamentales.

Más grave todavía: No hay experto, ya sea en materia de Seguridad Pública, o bien, en sistemas penitenciarios, que no presuma como causa principal de la fuga la corrupción imperante que carcome nuestras instituciones.

Es allí en donde el Presidente Peña y su equipo cercano tienen máxima responsabilidad, porque más allá de “decálogos” y nombramientos “a modo”, como el del secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, el primer mandatario no ha movido dedo alguno para acabar con la impunidad que suele acompañar a ese cáncer de la corrupción.

Con la fuga de Guzmán Loera, el Ejecutivo Federal tiene la oportunidad para mostrar su voluntad política para terminar con la corrupción que no se castiga.

No obstante, su reacción hasta ahora ha sido frívola y descomprometida. Desde Francia nos dice que el escape del capo fue “una afrenta para el Estado”; lo sería también, y en mayor grado al venir del presidente, que no se pusiera orden al gabinete y que no le costara el trabajo a quienes incurrieron en, lo que son a todas luces, omisiones imperdonables.

Sólo falta que el presidente coloque como cereza del pastel de la afrenta aquella frase dirigida en su momento a la secretaria de Desarrollo Social, sólo que ahora dedicada al de Gobernación: “No te preocupes Miguel Ángel”.


tuiter: @marcelotorresc