CABLE A TIERRA

Sin comodidades

Carlos Puig puso el dedo en la llaga y a ningún lagunero le gustó lo que dijo. El 96 por ciento de los votos que los coahuilenses emitieron en junio para renovar la gubernatura de Coahuila, alcaldías y diputaciones se dio a favor de un partido político.

Esos partidos que tanto dicen odiar las buenas conciencias, incluidas las laguneras. El porcentaje restante se otorgó a candidatos independientes, a favor sí, de Javier Guerrero, hasta hace unos meses miembro de un partido político, por cierto, institución que ha sido denostada hasta la saciedad.

Así que el tema de la democracia, los partidos políticos, las candidaturas independientes y los ciudadanos que se desgarran las vestiduras por las malas instituciones que los representan no está del todo concluido. Puig, el popular periodista de Milenio Televisión, no habló para agradar a la concurrencia que asistió a la UANE en el marco del Ciclo de Conferencias organizado por el Grupo Milenio y Milenio La Opinión Laguna con motivo del Centenario del diario lagunero.

Puig lanzó una pregunta al aire. ¿Cuántos de los mexicanos han participado en organizaciones sociales, políticas, culturales o deportivas? ¿Cuántos han ido a una marcha? ¿Cuántos han acudido a una sesión de Cabildo? ¿Cuántos forman parte de la sociedad de padres de familia de la escuela de sus hijos? ¿Cuántos forman parte, cuando menos, de la sociedad vecinal de su sector residencial? Poquísimos. 

Cuando Puig  señaló que los partidos políticos están compuestos por ciudadanos como nosotros, no son de Marte, apunta una verdad que asombra. La militancia es tan gente como la que decidió estar fuera de ese esquema de participación social. Gente que acudió a una colonia o barrio, para convencer de su oferta política. Nosotros no convencemos ni al hijo de que levante su ropa tirada. Hasta ahí todo perfecto. El problema surge cuando ciudadanos de esos partidos políticos, no siempre los mejores, llegan a puestos de elección popular y se olvidan del partido que los llevó al poder y de paso de los ciudadanos.  Empiezan a actuar como emperadores ungidos directamente por Dios. Y lo intolerable es que quienes no somos correligionarios se los permitimos.  La respuesta está en el acompañamiento, en la gobernanza, en incidir en las decisiones de gobernadores, presidentes municipales, diputados y regidores. Organizaciones ciudadanas “enredadas” y fortalecidas por los medios de comunicación, visibilizadas.

Ciudadanos y medios que pisen los callos de los políticos soberbios, para que no olviden que quién los colocó ahí, es el pueblo. Pero, implica ocupar el tiempo del cine, del GYM, del cafecito, del club de lectura, de la siestita. Ni modo, nadie dijo que la democracia real sería cómoda. 


@marmor68