CABLE A TIERRA

Yolanda y su sensibilidad

Para Carmen, para Anavelina


La doctora Yolanda Jaramillo, al igual que centenares de mujeres en esta región, han tenido un encuentro cercano con el cáncer. No como pacientes. Como madres, hermanas, hijas, sobrinas, tías, primas o amigas de víctimas.

Yolanda estudiaba medicina cuando su tía-hermana (así la consideraba) recibió el diagnóstico de cáncer. Y vio su peregrinar en ese infierno hasta perder la batalla. Su tía-hermana se fue cuando apenas había avanzado tres décadas en la vida. Dejó viudo y huérfanos. La ciencia aún no había avanzado tanto como ahora para darle una oportunidad. 

Hoy, un diagnóstico temprano es la distancia entre la esperanza y la tumba. Según Yolanda, la soledad atrapó a su familia, porque no había nadie que la guiara ¿Qué hacer? ¿A dónde caminar? ¿Qué les esperaba? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de un desenlace fatal?

Esa experiencia cercana con la muerte llevó a la patóloga a asociarse a otras mujeres para “hacer algo” por quienes recibían idéntico diagnóstico y enterraban su deseo de vivir en esa soledad de la carencia de información, de aliento y de sororidad.

Su frase es matadora: quienes reciben la sentencia no están solas.

Sus anécdotas hablan de madres de familia que poco a poco le roban minutos al padecimiento y se los suman a la vida, porque quieren estar para sus hijos, de entrenadoras de futbol que se salvaron de milagro y emprendieron nuevos proyectos, de profesionistas exitosas o de mujeres abandonadas por las parejas en cuanto éstas se enteraron de que sus mujeres perderían un seno por tener un tumor maligno. Estarían mutiladas, “incompletas”.

A través de “Mujeres salvando Mujeres” todas ellas cambiaron sus historias de terror en hazañas. Sobrevivieron o murieron dando la batalla, pero ya no en soledad. Transitaron el camino con el acompañamiento de otra igual.

La doctora Yolanda fue la primera, de hecho, que me orientó cuando una anomalía en un seno aterrorizó a mi madre una mañana. Bastó una llamada telefónica a la profesionista y su voz relajada, interesada brindó aliento y sí, mucha calma. Nos guió en el camino hacia la atención, hacia la salud. Ella misma hizo la cita con el oncólogo Eduardo Palacios. Otro profesional.

Al margen de que la doctora Yolanda haya sido distinguida como ciudadana ejemplar de Torreón, mi madre y yo tenemos que honrarla por ser solidaria, por ser sensible y ver más allá de un diagnóstico. “Sí tiene cáncer, puede ser, pero hay solución”.  


@marmor68