Mercados en perspectiva

Termina el año con mucha frustración

Es muy desafortunado que en lo económico este año termine con tanta frustración para México. Los motivos son muchos, ya que las expectativas que hace un año comunicara el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, no se cumplieron.

El crecimiento será de 2.1 por ciento, muy lejos del 3 por ciento anunciado. La inflación, que en 2015 fue de 2.13 por ciento, este año cerrará muy cercana de 3.5 por ciento. El peso se devaluó 20 por ciento, y para empeorar todo se acaba de anunciar que la gasolina sufrirá un aumento de 20 por ciento al iniciar el nuevo año, después de que cuando se aprobó la reforma energética se dijo que ésta contribuiría a que el precio de la gasolina tendiera a bajar, toda vez que la adquiriríamos al precio internacional; claro está, a nadie le comunicaron que el gobierno le pondría a este producto un impuesto ad valorem de 30 por ciento, con lo cual nuestra gasolina, aun con la reforma, siempre estará por encima del precio internacional.

Independientemente de aciertos y fracasos, lo que es muy lamentable es que la constante de este gobierno, por lo menos mientras Videgaray fue secretario de Hacienda, es haber creado expectativas que nunca se cumplieron. Y que él de antemano sabía que no se podían cumplir.

El paquete que hereda José Antonio Meade es enorme. Recordemos que asumió el cargo un día antes de que se presentara el presupuesto, mismo que fue realizado por Videgaray y su gente. ¿Qué confianza podemos tener en ese presupuesto que preparó un equipo que en cuatro años siempre nos falló?

A simple vista el presupuesto para 2017 me parece que se queda corto frente al reto que tenemos. Los recortes deberían de ser mayores y tendríamos que buscar un superávit primario cercano a 1 por ciento si de verdad queremos evitar que la deuda siga creciendo.

Por supuesto, los recortes al final son solo parches ante la ausencia de una reforma fiscal integral que se requiere urgentemente. Esa reforma debería fincarse en incrementar el IVA y hacerlo generalizado, incluidos alimentos y medicinas, y por supuesto tendría que venir una baja al impuesto sobre la renta tanto a empresas como a individuos, para apoyar el empleo, la inversión y el crecimiento.

Bueno, este último párrafo es mi mejor deseo para el año entrante.

Sí sigo creyendo en los milagros.

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