Mercados en perspectiva

En lo económico, no fue una buena semana

Esta semana que recién termina no fue de buenas noticias; nuestra moneda se presionó al pasar de 18.50 pesos por dólar a cerca de 19; las causas fueron varias: la reforma fiscal que seguramente entrará en vigor en Estados Unidos nos restará competitividad —ojalá y se aplicara hasta 2019 ya que, de lo contrario, en 2018 México no podrá cambiar la estructura impositiva que tenemos—, políticamente sería inviable presentar una nueva reforma fiscal, y además nuestras aún débiles finanzas públicas no resistirían una reducción de impuestos sin tener que afrontar un desastre económico.

Otra razón de presión para la moneda nacional es el deterioro paulatino de nuestras reservas internacionales, todavía la baja no es importante ni preocupante, lo que molesta es la continua tendencia a la baja. Asimismo, el barril de petróleo bajó su precio cerca de dos dólares en la semana.

Más allá de la presión a nuestra moneda, el peor dato fue la inflación de noviembre, que elevó el dígito acumulado —de los últimos 12 meses— de 6.59 a 6.63 por ciento; la mayor parte de los analistas esperaban que la inflación continuara con el descenso lento de octubre, pero sucedió lo contrario.

Debido a este mal dato, ahora es muy probable que Banco de México incremente su tasa de interés de 7 a 7.25 por ciento en su próxima reunión del 14 de diciembre; esto no será buena noticia para los negocios en México, ya que claramente, tipos más elevados reducen el consumo y presionan los márgenes de los negocios. A corto plazo se benefician los inversionistas, siempre y cuando la inflación no se salga de control; sin embargo, los que sufren más son los que deben dinero.

Para México es importante mantener finanzas públicas sanas, esa es la mejor receta para detener el proceso inflacionario, y para eso se necesita disciplina y sacrificio.

Lo que estamos viviendo actualmente en este tema tiene su origen en los excesos del gasto que se dio entre 2012 y 2014, producto de una visión demasiado optimista de las condiciones del país y de no haber sabido meter el freno cuando se nos deterioró el entorno externo; caída abrupta en el precio del petróleo, y cambio de giro de la política monetaria en EU.

Del lado positivo, veo que tenemos funcionarios capaces en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y en el Banco de México, los cuales darán continuidad a lo que realizó el ex secretario José Antonio Meade Kuribreña en 2017, mismo que fue bastante bueno; también habrá continuidad en la dirección que trazó Carstens en el banco central.

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