Mercados en perspectiva

Por qué nuestra economía es vulnerable

Llevamos muchos años oyendo, de las autoridades financieras, que la economía mexicana está blindada y preparada para resistir condiciones externas adversas; y la verdad sea dicha, estábamos mucho mejor protegidos hace 10 años que ahora.

Las razones son muchas, pero hay una que es muy significativa, y aunque hay que decir que ya se empezó a atender, debemos reconocer que se tiene que hacer mucho más.

Me refiero a que desde 2008, en la administración del presidente Calderón y ante la crisis económico-financiera que se presentó en el mundo, en México empezamos a relajar la disciplina fiscal que se había puesto en marcha en el cuarto año de la administración de Ernesto Zedillo (1997).

Los beneficios de esas medidas de control férreo para disminuir el endeudamiento de nuestro país trajeron como consecuencia una enorme estabilidad, que se reflejó en caídas importantes de la inflación, disminuciones en las tasas de interés y una estabilidad cambiaria que se había perdido desde 1976.

No sobra decir que en ese proceso también se logró recapitalizar al sistema bancario nacional y, en paralelo a una nueva regulación más estricta, se evitó que los bancos mexicanos enfrentaran situaciones tan desfavorables como las que afectaron al sistema bancario estadunidense, que en 2008 estaba prácticamente quebrado.

La evolución de la deuda mexicana en la administración de Felipe Calderón fue francamente negativa.

En diciembre de 2007 la deuda del país —tanto externa como interna— representaba 28 por ciento del PIB, y para 2012, al final del sexenio, había subido a 36.3 por ciento, ocho puntos más que al inicio.

En esos años no se puso mucha atención al tema porque el gobierno gozaba de ingresos petroleros magníficos, con un precio arriba de 90 dólares por barril.

Con la entrada de la actual administración, desafortunadamente el endeudamiento siguió creciendo, en mucho al pensar que el precio del petróleo nos seguía permitiendo incrementar los niveles de apalancamiento, pero desgraciadamente todo cambió con la caída del precio del crudo.

El endeudamiento subió de 36.3 por ciento en diciembre de 2012 a 45.1 por ciento para finales del año pasado, y las proyecciones indican que en 2016 seguirá subiendo a 45.4 por ciento; hay que decir que con los recortes programados, ya no seguirá creciendo en 2017; sin embargo, es muy importante entender la necesidad de hacer esfuerzos adicionales para que empiece a reducirse en los años venideros, con el fin de estar por debajo de 40 por ciento.

El nivel actual de apalancamiento está en el límite de lo aceptable y pone en peligro la estabilidad económica lograda durante tantos años y tantos esfuerzos; hoy más que nunca se tiene que empezar a pensar en una reforma fiscal integral, que penalice el consumo, favorezca la inversión y amplíe significativamente la base de contribuyentes.


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