Mercados en perspectiva

S&P le saca tarjeta amarilla a México

La calificadora Standard & Poor's redujo la perspectiva de la deuda mexicana, de neutral a negativa. Lo anterior quiere decir que esta empresa ve que la deuda emitida por el gobierno mexicano hoy es más riesgosa que antes; las razones que aduce S&P son varias: destaca su preocupación por el crecimiento de la deuda total respecto al PIB, mismo que pasó de 28 por ciento en 2005 a 45 por ciento en 2015, y que pueda llegar a 48 por ciento en 2018. Además, apuntó que la economía mexicana está creciendo a tasas muy moderadas, y dejó muy clara su preocupación en relación con el actuar de nuestro gobierno.

En un párrafo del comunicado dice que la implementación de las reformas estructurales no está teniendo los efectos que se esperaban; cito: "Sin embargo, las debilidades en la gobernabilidad —que reflejan en parte una débil aplicación de la ley y la percepción de corrupción— limitan los beneficios de estas reformas, especialmente en la inversión".

Ese párrafo de S&P se refiere claramente a lo que hemos estado señalando, reiteradamente en muchos artículos, sobre la incapacidad y la falta de decisión del gobierno para resolver el problema que está creando la CNTE, pero lo peor es que lo que se creía era un problema que tenía repercusiones exclusivamente locales, ya trascendió a la arena internacional y obviamente ya nos afectó. El primer efecto lo sufrió nuestra moneda, que cotizaba sobre niveles de 18.28 respecto al dólar antes del comunicado de la calificadora, e inmediatamente después de éste el peso se devaluó a 18.50.

El cambio de perspectiva de nuestra deuda es algo que tiene que tomarse en serio, y aunque esta administración haya estado aplicando medidas para proteger y mejorar nuestras finanzas públicas, debemos reconocer que no han sido suficientes.

México sigue teniendo un problema estructural que se ha mantenido por décadas, no es únicamente tema de esta administración, y es la enorme dependencia que tiene el gobierno de los ingresos petroleros. La estructura estaba igual de viciada con Fox y con Calderón, pero desafortunadamente para el presidente Peña, a él le tocó el descalabro en los precios del petróleo y también quedarse con la papa caliente.

Las medidas tomadas a partir de la crisis petrolera han sido las adecuadas y van en la dirección correcta, pero, insisto, no son suficientes. En el corto plazo, como comenté en un artículo anterior, tenemos que sacar un presupuesto de egresos para el año entrante verdaderamente austero. Los sacrificios no solo tienen que hacerse a partir del gobierno federal. Los gobiernos estatales están llenos de grasa —de gastos superfluos— y sin mucho control, y no digamos a escala municipal; ¡la austeridad debe ser responsabilidad de todos los niveles de gobierno!

Por último, y aunque sea políticamente incorrecto, es importante empezar a plantear la necesidad de tener una reforma fiscal integral que resuelva, desde la raíz, el problema de nuestras finanzas públicas.

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