La Silla

Felicidades

Veterano yo (aunque no viejo), mi Guadalajara está llena de recuerdos y novedades, de nostalgia y de optimismo.

Nací en los años 60, y he disfrutado gran parte de mi vida en la Perla de Occidente. Disfruté junto con mis abuelos, cómplices de todas las tardes, los paseos por El País de Magusín (las esculturas de Las Águilas estaban en despoblado), la Glorieta Chapalita, los patos de un estanque en un parque por la Calzada Independencia, y los mangos de la barranca y un chapuzón en Los Camachos.

Viví años en la calle Justo Sierra junto a López Mateos. La avenida Vallarta era de circulación en doble sentido, y junto a Los Arcos estaba la famosa sucursal de los helados Bing, a donde íbamos de manera regular. La glorieta Minerva era enorme en su circunferencia, y no tenía semáforos.

Los sábados, en ocasiones, visitábamos la fuente de sodas (¿o era restaurante?) Valencia, en lo que hoy es la avenida Lázaro Cárdenas, pero antes se conocía como Las Torres; allí, frente al local, había una jaula con un chimpancé que era la diversión de todos.

Me tocó ver cómo se construyó Plaza México en un solar enorme, y cómo el centro de la ciudad era demolido para albergar la Plaza Tapatía. Llegué a conocer junto con mi abuelo la vieja plaza de toros Progreso, y a viajar en tren a la Ciudad de México.

Acompañé a mi hermana a las sesiones de baile en el Centro de la Amistad Internacional, y llevaba a mis hermanos menores al cine Charles Chaplin. Junto con mi padre fui al estadio Jalisco los miércoles por la noche para ver jugar al Atlas, y pude disfrutar un Mundial y una Copa Confederaciones.

Ya no tan joven fui testigo de la transformación de la ciudad. La aún reciente avenida Federalismo fue abierta en canal para albergar el Tren Ligero, y la construcción de la Nueva Central Camionera, para desgracia de la hermosa Central de Autobuses del rumbo del Agua azul.

En correrías nocturnas con mis compañeros de preparatoria llegamos a visitar el Afro Casino y a visitar en calidad de mirones a las muchachas de La Comanche. En esas aventuras hubo Cascadas de madrugada, y fiesta hasta ver el Guadalajara de Día.

Mi memoria guarda episodios tristes de la ciudad, como el secuestro del cónsul Anthony Duncan y del plagio y posterior asesinato del empresario Fernando Aranguren a manos de la guerrilla de los años 70. También recuerdo ataques incendiarios a Las Fábricas de Francia, y bombazos nocturnos en el centro de la ciudad.

Ya como periodista fui testigo del horror de los estallidos del 22 de abril en el sector Reforma, y me tocó ser de los primeros en llegar al Aeropuerto de Guadalajara cuando asesinaron al cardenal Posadas.

Fue en Guadalajara donde conocí a mi hoy esposa, donde me casé y donde nacieron dos de mis tres hijos. Fue en Guadalajara donde crecí y me formé; donde hice a mis verdaderos amigos.

Por eso, hoy en su aniversario, felicito a corazón a mi Guadalajara. Que viva muchos años más.

manuel.baeza@milenio.com

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