La vida en rosa: Octubre, mes de la lucha contra el cáncer

Alguna vez escuché decir a alguien que: “Para una mujer lo más importante es su cabello” al principio esta tesina barata machista-a mi punto de vista en ese entonces- fue de inmenso coraje y mirada fija para él… en ese momento.  Seguí con mi vida y no fue hasta que con el pasar de los años que viéndolo desde una forma de “cambio” ese hombre tenía razón. En mi “cortometraje” de vida- esas pequeñas escenas que uno recuerda- vi a muchas mujeres que al renunciar de su trabajo, al divorciarse, al irse a vivir al extranjero, al querer pasar a otra etapa, sí… ¡se cortaron el cabello!. Ahora bien, si el cabello para una mujer “es lo más importante”… ¡prepárense! Porque al no tener “lo más sagrado” después no habrá  nadie que las detenga. Octubre es el mes de la lucha en contra del cáncer de mama pero también de la lucha en contra de la indiferencia… ¡hay que hacernos un chequeo! Sí es verdad… estoy lejos. Pero no olvido, no olvido el increíble trabajo de una mujer como mi amiga Lupita Ostos que en Tamaulipas desde hace muchos años lucha incansablemente por una labor de prevención en contra del cáncer de mama. Y me dio gusto saber que mujeres como mi querida Olga Valladares hayan acudido a la carrera en apoyo de “Alianza contra el cáncer”. Sumarnos al rosa  promueve la cultura de la prevención y el haber llegado a la meta simboliza ese cambio, esa renovación, ese ave fénix que resucita de entre las cenizas… desde cero. Estuve a lado de familiares y amigas con cáncer, viví con ellas sus quimioterapias, sus recaídas, angustias y temores. Recuerdo haber salido una vez con una amiga aquí en Buenos Aires después de sus sesiones de quimio. Se le había caído todo el cabello, me había contado antes que consiguió una peluca porque le daba vergüenza salir así a la calle. Se puso un sombrero encima y salió a conquistar no sólo el mundo… ¡sino a varios hombres!. Aún recuerdo su sonrisa pícara al decirme: “No se dio cuenta que traigo peluca”. Adoré su fuerza y su capacidad de aceptación y lucha. Meses después continué viéndola y a menudo le llamaba para decirle: “¿Podemos vernos para la risoterapia?”… muchas veces llore por dentro al verla en esta situación pero me regocijé al tenerla al cien por ciento después de la recuperación de esa difícil experiencia. Hoy aplaudo “La vida en rosa”, el vivir fuerte y envío desde Argentina una extensa felicitación no sólo a mi amiga Lupita, sino a todos los que están alrededor de ella abriéndole puertas, apoyando la causa y sobre todo dándole más fuerza para repartir entre todas esas mujeres que hoy atraviesan por esta experiencia.