Cuando veas la vida triste en un instante…tan sólo tú te vas

¿Por qué renunciar a algo que amas? Esta fue una pregunta que rondó por mi cabeza la última semana. Esos días fueron como una tormenta, un torbellino, un imán. No sólo yo estaba decaída, varios amigos me llamaron para decirme que pasaban por el peor momento de su vida. ¿Cómo hacer reír a alguien cuando por dentro estás hecho pedazos? ¿Cómo olvidar por un momento todo eso que ronda por tu cabeza para sacar adelante a un amigo? Pensé que no podría con esto, pero me equivoqué. Hace mucho no estaba entre las sombras. Observar roto el espejismo de eso que creías que era lo mejor de tu vida, es lo peor que puede ocurrir. Aceptar la realidad.  Ahora ya no está y tienes que continuar. ¿Pero para qué me sirve todo esto ahora a mí? No tengo la respuesta pero siempre intento conocerme más. Desenredar esa maraña de sentimientos. Ayer hablaba con mi amiga, la escritora argentina Silvina Dabini y me dijo algo que me hizo pensar bien las cosas: “¿Sabes lo mágico que tenemos los escritores? Que sabemos tomar una pila de mierda y hacerlo un poema.” Creo que hay personas que no están preparadas para la felicidad y se quedan en la depresión, quizá por comodidad... pero yo no soy una de ellas. ¿Qué sentía? No podía llorar, ese maldito nudo en la garganta me estaba asfixiando y me estaba muriendo de a poquito. Así que decidí olvidarme de mí y de mis problemas. Tomé varios colectivos y visité a todos esos amigos que se sentían como yo. Los escuché, los abracé y sonreímos juntos. Dicen que el dolor cuando se comparte se esfuma. Durante varios días me despertó como una bofetada la humedad de mi almohada. Nunca había llorado dormida. Esta fue la primera  y la última vez. Hay que llorar despiertos, hay que llorar consientes, hay que sacar todo eso que llevamos dentro, lo que nos aprisiona, lo que late, lo que tenemos enfrente y no queremos aceptar ¿Por qué renuncio a lo que amo? Ahora que estoy bien puedo decir con certeza que:  “Tal vez no es el momento”.