Teatro poético musical; un vistazo al corazón del artista

El Museo del libro y de la lengua fue el umbral artístico donde conocí la forma perfecta de la comunión entre la actuación, el canto, la música y la poesía. “Dirán que fue la noche” es responsable de mi absoluto respeto por quienes amamos la cultura, pero sobre todo ejemplo de lo que es un gran espectáculo... donde la ilusión nunca se rompe sino que se mantiene hasta culminar con un sonido majestuoso de aplausos que te separan a la realidad.

Pero... ¿que es el teatro poético musical? Es observar con admiración desde la butaca como un poema toma una presencia humana, escuchar como las letras bailan al compás del piano, como cada verso escala una parte de nuestro corazón. Es poesía en movimiento, la cumbre del idioma, el vaivén de las letras entrando por los oídos y saliendo con admiración por los ojos. No cabe duda que el trabajo de Gustavo Twardy es impecable y lo demuestra debido a su experiencia como Director Musical de la Orquesta de Cámara “Capella Peregrina”, fundada en 2012 con jóvenes intérpretes profesionales. También se ha desempeñado como Director Musical de “Camerata Bardi” compañía de producción independiente de ópera, además de realizar un excelente trabajo como compositor de música incidental, arreglador y pianista en la escena de teatro musical.

Esto se puede comprobar al ver la puesta en escena en donde se puede disfrutar de: “ Silencio”, “Desde mi ventana”, “Dirán que fue la noche”, “Nada”, “Oración de gracias por un insomnio”, “Exorcismos”, “En tu aniversario”, “Siempre Salgo”, “A veces, en el trecho de la huerta”, “Almas jugosas”, “Murgatorio”, “Me he casado”, “El amor perseguido”, “Alguna vez”, “Si muriera”, “Sonetos en las líneas de una mano”.

Son los textos que nos llevan a viajar por un telón de imagenes cálidas e intinerantes que conjugan una caricia al alma que recopila lo mejor de autoras rioplatenses como: Alejandra Pizarnik, Silvina Ocampo, Ivonne Bordelois, Idea Vilariño, Alfonsina Storni, Susana Thenon, Juana de Ibarbourou, Marosa Digorgio y J. Gastaldi. ¿Y quien logra atraparnos por casi una hora? Malala González, una actríz de raza indomable. Doctora en Historia y Teoría de las Artes por la UBA. Licenciada en Artes, Profesora en Enseñanza Media y Superior en Artes y egresada de la carrera Formación Integral del Actor de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD).

Toda una profesional que brilla con luz propia en el escenario testigo de su desenvolvimiento que la sigue a donde quiera que vaya o más bien a donde quiera que nos transporte con su voz, esa que retumba en los pensamientos de cada uno de los asistentes que parecieran recordar algún amor del pasado.Sin duda un evento espléndido bajo la dirección artística y puesta en escena de Alfredo Martín que no se deben perder pues se presenta nuevamente en noviembre y que me hace recordar la frase que alguna vez citó Charles Chaplin: “La vida es una obra de teatro que no permite ensayos.

Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.”