Saboreando libros entre los balcones de El Ateneo Grand Splendid

Cada semana voy buscando entre el laberinto e inmensidad de las calles de Buenos Aires lugares que tengan un contenido histórico y que me puedan dejar con ganas de seguir aprendiendo más acerca de este país.

Sin duda Santa Fe y Callao son unas de las calles más conocidas pero irónicamente a donde no había acudido antes para conocer la famosa librería“El Ateneo” situada donde alguna vez funcionó el teatro Grand Splendid inaugurado en el año de 1919. Fue en febrero del año 2000 cuando decidieron rescatar este impresionante edificio de cuatro niveles que aún conserva la arquitectura original de dicho teatro; fue elegida por el periódico británico “The Guardian” como la segunda librería más hermosa del mundo y desde que lo pisé definitivamente se ha convertido en mi lugar favorito.

Con más de 3 mil visitas diarias, esta imponente construcción más que invitar a los lectores a comprar dentro de su “mágico mundo”, los hace no querer salir. Ciento cincuenta mil títulos en stock, millones de letras regadas en diferentes obras literarias abrazados con autores de todo el mundo además de una hermosa confitería al final en donde se puede disfrutar de los tradicionales sabores argentinos y postres logran sin esfuerzo que sea toda una maravilla.

Una de las pocas librerías que he visitado en donde los lectores tienen todas las comodidades para leer el libro de su gusto sin necesidad de comprarlo. Y es que muchos residentes y extranjeros son quienes pasan a diario al menos unas horas dentro de este templo del saber, en donde se pueden sentar entre los palcos tranquilamente a disfrutar de las letras.

Desde los balcones se puede observar la inmensidad del lugar, las plateas, la perfección de los libros acomodados y ese olor a nuevo que pareciera enloquecernos a quienes entramos con las manos vacías y terminamos comprando ese libro que nos acompañó frente a aquel telón de terciopelo rojo.

Un teatro en donde el lector es el protagonista y la imaginación su gran obra. Un espacio para leer, meditar, escribir y pasar un rato agradable con uno mismo o en compañía de los amigos, esos mismos pasos que se quedan en un lugar en donde se dice que Glucksmann le enseñó a Carlos Gardel a potenciar su voz.

Franz Kafka decía que: “Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros” y en verdad esta librería nos obsequia todo... ese tiempo para dedicarnos a nosotros mismos, esa caricia del alma, esas letras que llegan al azar y que perdurarán en nuestros libreros mientras vivamos y que al final regalamos.

Creo firmemente que todos tenemos en un lugar especial de nuestra casa esa herencia literaria de algún ser querido que ya no se encuentra en este mundo pero que recordamos por habernos adentrado en el maravilloso mundo de la literatura, ese que nos regaló unas alas y un día sin decir nada nos invitó a echar a volar nuestra imaginación y a quienes hoy les decimos GRACIAS.