Entre Paletas del Pintor, amigos de las letras, vicuñas y llamas

Conforme recorríamos la ruta a una altura de 4,170 metros la vista mejoraba, el mirador de Jujuy sin duda fue un espectáculo visual impresionante que nos dejó en silencio observando la inmensidad de las montañas multicolores que nos arropaban. Una vegetación de película con colores irreales entre desértico y paradisiaco, a lo lejos se veía la inmensidad de las nubes que bailaban con el viento y las rocas en donde reposaban algunas lagartijas.

Mientras tanto de regreso a otros puntos turísticos de vez en cuando nos encontrábamos de frente con cabras, vicuñas y llamas que hacían que la ruta nacional RN 9 se hiciera aún más interesante. Paramos por fin a comer a un sitio pintoresco, el menú: milanesa de llama, llama al horno, llama encebollada, tamales jujeños, brochetas de llama, lomo de llama a la pimienta negra. Pensé “Bien creo que hoy comeré llama” y sonreí en silencio mientras servían vino, cerveza típica de la zona y una salsa.

Me encanta viajar y conocer la gastronomía, degustar platillos diferentes sin duda es uno de los mejores placeres de la vida. Terminando de comer salimos de nuevo con rumbo al Mercado de Artesanías, un enorme sitio en donde pudimos comprar recuerditos de la zona, algunas cosas de barro, mates, tapetes de cuero y llama, llaveritos y hasta te de coca.

Seguimos nuestro camino… cuando de pronto el paisaje maimareños nos obsequió: “Las Paletas del Pintor” que nos dejaron mudas de nuevo, incluso bajamos a tomar algunas fotografías debido a la impresionante formación geológica que a la naturaleza le regaló a la provincia desde tiempos ancestrales.

Los colores parecían respirarse. Cuanta belleza. Completa tranquilidad. Y aunque el viaje así terminaba tal parece que habíamos visto todo, que nos habíamos llegado de energía y nos llevamos cargando esa misma tranquilidad que llevaríamos de regreso a la ciudad.

Llegando a la capital cansadas pero felices caminamos por las calles con nuestro mapa con la misión de recorrer todos los museos de la zona. En dos días los conocimos todos. Luego nos recomendaron una librería: “La Maga”, parecía estar en nuestro destino pues irónicamente estaba a una cuadra del hotel donde nos hospedábamos.

La vitrina era divina, había muchos de los libros que Karina y yo estábamos buscando, sin duda estaba llena de inspiración. -¿Quién podría recomendarnos algunos libros?- preguntamos entrando. –Esperen que ya llega la persona adecuada para atenderlas, ahora está arreglando algunos libros-. Ya sentadas, tranquilas en medio de las letras y de una librería hermosa, tomamos café y té de cereza esperamos… -Hola chicas ¿de dónde son y qué es exactamente lo que están buscando?- Nos preguntó Pablo Courtade. –Estudiamos escritura con Alberto Laiseca y queremos algunos libros de autores jujeños, de leyendas de la zona… ¿tendrás?- dijo mi amiga ala escritora Karina Rodríguez. –Pará…

¿Con el escritor Alberto Laiseca? , no se vayan…espérenme por favor-. Salió corriendo y enseguida trajo un libro de nuestro maestro.

-¡Justo lo estoy leyendo! , ¿Podrían llevárselo a Buenos Aires para que me lo dedique y después enviármelo?-dijo Pablo. –¡Claro!, dijimos las dos sonriendo mientras las letras y el destino pareciera que ahí querían que nos quedáramos; así que entre libros, entre olor a café, entre letras, puntos y comas, entre hermosas leyendas concluimos nuestro viaje.