Colonia del Sacramento, Uruguay: historias y leyendas que nos envuelven

El río de La Plata abrazó nuestro buque durante una hora hasta entregarnos a la orilla de Colonia del Sacramento ubicado al suroeste de Uruguay; una hermosa aventura de viaje entre amigos, un recorrido a través de la historia, caminatas junto al río, escalando hasta el final del faro, entre callecitas empedradas que nos guiaron hacia todo un ramal escrito entre ruinas, veleros y lugares de ensueño.

La ciudad fundada por portugueses en 1680 aún conserva su entorno pintoresco en donde destaca el antiguo portal y muralla que descansan mientras los pasos apresurados de los cientos de extranjeros que lo visitan aprovechan cada momento para capturar imágenes.

La belleza es absoluta. Primera parada: parrillada uruguaya en Los Cerros de San Juan, un lugar a la orilla del río más ancho del mundo desde donde se observaba el Complejo Portuario y cientos de veleros en donde paseaban y se bronceaban los turistas. Declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad sin duda Colonia es un paseo que no se deben perder, empapado de historia y cultura.

El Casco Histórico comprende lugares en específico que son la máxima atracción como: “La Calle de los Suspiros” una peatonal angosta llena de leyendas, en donde se dice que eran llevados los condenados a muerte para ahogarlos cuando subiera la marea , otros cuentan que una joven enamorada esperaba a su amado cuando de pronto un enmascarado le clavó una daga en el medio del pecho y donde al final de este terrible suceso sólo se escuchó un desalentado suspiro de adiós… pero cualquiera que sea la verdad de este lugar aún conserva ese clima mágico. Esos secretos.

Más adelante, justo frente a la Plaza de Armas “Manuel Lobo” a pesar de los hecho bélicos se conserva intacta la estructura de la Iglesia del Santísimo Sacramento, considerada la más antigua de Uruguay, incluso fue visitada por el mismo Charles Darwin quien destacó su visita en su diario de viaje a bordo del HMS Beagle entre 1831 y 1836.

Adentro se conservan pinturas originales de esa época, donde se aspira un aire de paz y a diario se elevan plegarias. Y para finalizar este viaje que mejor que hacerlo con una hermosa vista, es por eso que decidí subir los118 escalores que me llevarían hasta el piso más alto de El Faro el cual se iluminó por primera vez el 24 de enero de 1857.

La brisa marina golpea los rostros de los que logramos llegar hasta ahí, el ruido de las olas, las cúpulas que sobresalen de los árboles, las flores que indican un verano inolvidable, los pájaros, los niños que saludan desde abajo... todo es único. Un espectáculo visual muy especial desde donde se ven los buques llegar y se admira una majestuosa panorámica, exactamente a 24.92metros de altura, a 34 metros de elevación sobre el nivel medio del mar y el cual funciona con energía solar.

Uruguay me llenó de historias, de recuerdos, de olores y sabores de una ciudad que a pesar del tiempo se conserva como una joya arquitectónica, con millones de visitas al año y sin duda patrimonio del mundo.