Alberto Laiseca: De las letras a la imaginación

Caminé ansiosa por la Avenida Corrientes al 2038 hasta el Centro Cultural “Ricardo Rojas” para iniciar por fin en el aula 201 el seminario impartido por Alberto Laiseca, autor argentino de la novela “Las Sorias” y de 19 libros más de poesía, ensayo, novela y cuento. Ganador de innumerables reconocimientos entre los que destacan la beca “Guggenheim”, el premio “Konex” y un “Martín Fierro” en el rubro cultural-Educativo por la conducción del programa de televisión “Cuentos de terror” transmitido por el canal de cable argentino I-SAT en el año 2003. Tiene 73 años, pero a pesar de su trayectoria aún conserva la costumbre de llegar media hora antes a su propia clase. En mi caso debo aceptar que tengo un tortuoso problema con el tiempo; odio que me gane. Así que por unos breves minutos me adelanté y pude observar su llegada hasta el “Aula Azul” en donde expondría cátedra.

El salón todavía estaba ocupado por otro grupo. -“¿Todo bien Lai?”- preguntó una mujer que es parte del  personal de la dirección. Con una sonrisa escondida detrás del bigote y un dedo señalando el salón  respondió con otra interrogación: -“¿Cuánto falta para que termine la clase?”-. La gente empezaba a llegar, el asombro de tener a tan importante personaje como maestro nos dejó a todos igual... mudos.- “Faltan 8 minutos profesor, ya salen”- señaló la misma dama. El martirio del tiempo se volvió colectivo hasta que por fin a las tres de la tarde se abrió la puerta; nadie entró. Todos esperamos a que pasara primero y después cada quien eligió donde sentarse.

La clase es numerosa y siento esa sensación de buena suerte por tener un lugar a pesar de las vacantes limitadas no sólo en el seminario, sino justo frente al escritorio donde se encuentra. La admiración hacia el escritor es general. Segundos en silencio lo llevan a articular la primera frase: - “No quiero hipercrítica, venimos a aprender”. Todos aceptamos la única regla de la clase y esperamos la siguiente indicación. “Bien, comenzaré por leerles La Caída de la Casa de Usher, una obra extraordinaria de Edgar Allan Poe. Este cuento es mi favorito”.  

Seguimos sin hablar, algunas miradas coinciden esperando ansiosos la narración con esa sonrisa de niño que es difícil de ocultar. Mientras, Laiseca se toma su tiempo y saca de su portafolio negro un libro grueso con hojas que parecen estar pintadas por el tiempo. Se aclara la garganta, por un momento nos observa, sonríe y comienza. La lectura nos envuelve pero veinticinco minutos después la luz nos abandona e interrumpe todo de golpe. “No se fue la luz, no se preocupen. Estas lámparas tienen un sensor de movimiento pero están tan quietos que parece que no hubiera gente y por eso se apagan”.

Todos nos reímos en la oscuridad mientras nuestro narrador movía la mano derecha para activar la luz y continuar; de vez en cuanto hacía pausas para explicarnos el texto y hablarnos de su fascinación por el género de terror. Las horas se pasaron volando hasta que concluyó: “De tarea quiero que hagan un cuento, un ejemplo: El monstruo que vivía debajo de mi cama; o de cualquier otro miedo que tengan, no más de dos hojas. Lo vamos a leer en clase. Por hoy levantamos el campamento y cualquier duda les dejo mi teléfono, apunten...” Y Así, con esa sencillez terminó mi clase.