Entre ciudadanos

El otro viernes santo y la paz

La historia mundial nos muestra que los conflictos dentro y fuera de los Estados han existido a lo largo de toda la vida; unas veces por razones de límites, fronteras y explotación de recursos naturales y otras por desavenencias entre los habitantes, de manera que, para el análisis de la historia política, lo relevante no es la constante del conflicto, sino el modo estratégico de abordarlo para encararlo y resolverlo.

En todos los casos es determinante la presencia y acción de líderes visionarios capaces de manifestar con su vida coherencia ética, es decir, honradez e interés moral por servir, para convocar a las partes beligerantes a suscribir compromisos políticos; la comprensión de la relevancia de la integridad personal de los líderes, debe ser reconocida como un referente que ayuda a explicar, en México, la urgencia que tenemos de buenos ejemplos y lo cansados que estamos de tanta corrupción y abuso entre quienes, al amparo de un cargo público, se sirven del poder, pero como personas y como funcionarios nos avergüenzan. México necesita urgentemente auténticos servidores públicos.

Un testimonio de lucha por la paz y de coherencia personal ética entre dichos y hechos, lo podemos ver en la vida y obra de una mujer inglesa sencilla, simpática y de sentido práctico que logró para ingleses, para habitantes de Irlanda del Norte y para el mundo, uno de los acuerdos de paz imposibles de alcanzar por la violencia y los intereses en juego.

Algunos datos de la trayectoria y biografía de Marjorie Mowlam: falleció a los 55 años —en el esplendor de su actividad política— después de sufrir terribles dolores de cabeza por un tumor canceroso inoperable en su cerebro.

Mo Mowlam, como se le conocía, era militante en el Partido Laborista desde 1969, fue invitada a formar parte del gabinete del Primer Ministro Antony Blair, (1997 a 2007). Ocupó el puesto de Ministra para Irlanda del Norte. Desde hacía más de 30 años aquella región protagonizaba un un conflicto, en extremo violento, por alcanzar su independencia y lograr un autogobierno.

En ese contexto lleno de tensión, ausencia de diálogo y odio, Mo Mowlam escuchó posturas y peticiones de ambos bandos, para tener elementos para lograr la distensión y solución. Así, logró que todos cedieran un poco, hasta lograr la firma del Acuerdo de Paz de Viernes Santo para Irlanda del Norte, en 1998. La suscripción de ese documento era el primer paso hacia la paz, y permitió a Antony Blair alcanzar el más importante éxito de su trayectoria política.

Mo Mowlam pasará a la historia política de Inglaterra por haber abierto, casi con sus manos, el camino de la paz; ése era su estilo personal para destrabar los conflictos: menos tazas de té en los castillos al lado de hombres poderosos y más cervezas en los pubs dialogando con la gente.