Entre ciudadanos

Entre lo urgente y lo importante

Hace unos días tuvo lugar en Palacio Nacional la ceremonia que celebró un logro tan relevante como la promulgación de la legislación reglamentaria en materia de energía, allí se mostró la gran fuerza del presidente Enrique Peña Nieto y su partido en el gobierno.

Además, es de destacar que este significativo triunfo fue posible por la participación no solo de los legisladores del propio Partido Revolucionario Institucional (PRI), sino de otros que también se unieron a la propuesta legislativa y la concretaron del modo que ya es de todos conocido.

Este éxito legislativo es doble, literalmente el Presidente logró "mover a México", tal como se comprometió desde el inicio de su gestión, pero también hizo funcionar el "pacto por México".

Los legisladores que impulsaron esta reforma han dado muestras de oficio político y el Presidente ha hecho evidente su capacidad de alcanzar en tiempo récord esta meta que se propuso, conservando en todo momento el control político y social de un asunto tan complejo, que —es justo decir— en su momento lo intentaron otros presidentes y no lo lograron.

Se rompió una especie de "tabú" y, finalmente se trató el tema del petróleo, cortando una inercia de muchas décadas, concretamente de 1936 a la fecha, casi 80 años de un discurso nacionalista, más político que social y más corrupto que legal y justo.

Sin demeritar en modo alguno un triunfo histórico, lo cierto es que cabe y es oportuna la reflexión sobre la otra cara de la moneda de este gran logro legislativo, es decir, el inicio del difícil tránsito de lo legislado a lo real vivido por los mexicanos.

Allí es donde muchísimas reformas se colapsan y pasan a formar parte de la letra muerta o deformada, ésa que consigna la enorme distancia entre los dichos que contiene la ley y los hechos, la terca y dura realidad que no necesariamente cambia por el acto de promulgar leyes.

No podemos mirar con ingenua ilusión el inicio de un nuevo amanecer con las reformas constitucionales ya promulgadas, allí donde siguen intocadas las inmensas redes y cadenas de corrupción que hacen de este país un territorio tan injusto, desesperanzador y violento donde la riqueza, que en teoría es de todos los mexicanos, en realidad ha servido para financiar la opulencia, avaricia, inmoralidad y cinismo de un grupo de ricos y malos mexicanos.