Entre ciudadanos

El consenso, expresión de pluralismo

En las sociedades democráticas, uno de los bienes más preciados consiste en el arribo a la toma de decisiones por la vía de la consulta respecto de todas las voces y posturas sobre un tema, como clara manifestación de pluralismo para al final del ejercicio intentar la labor de síntesis como expresión del consenso; además, este mecanismo es muestra de salud y madurez social.

El pluralismo es posible cuando los ciudadanos que emiten sus puntos de vista y opiniones sobre un tema, aceptan que existen criterios y valores morales y jurídicos que no son negociables porque se encuentran en la base o esencia de aquello que hace posible la vida en sociedad. No se trata de dogmas o de imposiciones venidas de fuera del grupo, sino inscritas en la naturaleza humana. Si lo pensamos un momento, todas las legislaciones del mundo coinciden en señalar como indebidas aquellas acciones que consisten en matar, robar, mentir, prostituir. Como es evidente, se trata de criterios racionales que expresan los cimientos del orden social, en consecuencia, allí donde los fundamentos de lo social son negados o cuestionados, no son válidas las manifestaciones del pluralismo.

En ocasiones, la separación que se pretende entre pluralismo y consenso supondría que la mayoría, por el hecho de serlo, tiene razón y en consecuencia le asiste el derecho de imponerse sobre la minoría, sin embargo no es así. Al respecto es importante señalar que la mayoría que representa el consenso no tiene el poder de modificar la realidad, por tanto, matar o robar es malo, no porque la mayoría así lo haya establecido y forme parte de la legislación de muchos países, sino porque esas acciones atentan contra la dignidad humana y el bien común.

En una célebre cita de la Ética Nicomaquea, Aristóteles sostiene que "quien discute si puede o no matar a la propia madre, en realidad no requiere razones sino azotes". El amplio espacio de las discusiones a que el pluralismo convoca es un valioso ejercicio de democracia, precisamente porque lo que ocurre en la dinámica social es opinable y en consecuencia es necesario generar consenso sobre la decisión que habrá de tomarse; sin embargo, la fuerza de lo decidido solo es real cuando es respetuosa de las condiciones que impone la realidad, es decir, de la dignidad humana y el bien común.