Entre ciudadanos

Petróleo: riqueza y pobreza de México

La historia y la economía de México se encuentran inseparablemente unidas a las dinámicas fluctuantes de la cotización internacional de los precios del petróleo, y no podía ser de otro modo en un país como el nuestro, que depende económicamente de su capacidad para extraer y exportar petróleo.

Como se sabe, el verdadero negocio detrás del petróleo se encuentra en las refinerías que transforman el hidrocarburo en gasolina; en marzo de 2009, siendo presidente Felipe Calderón, se anunció la construcción de una moderna refinería que permitiría el avance de México en torno a la autosuficiencia de su consumo de gasolina; como era de esperarse el gobierno de Estados Unidos se opuso a ese proyecto y presionó de tal modo que la pretendida refinería de Tula, en Hidalgo, nunca se construyó y nuestro país siendo productor y exportador de petróleo, en realidad continúa siendo cliente cautivo de Estados Unidos, que nos vende nuestro petróleo transformado en la gasolina que mueve nuestra industria y transporte.

A cambio de no desarrollar la propia industria petrolera nacional, concretamente en el ámbito de las refinerías, a lo largo de décadas Estados Unidos se ha comprometido a realizar fuertes inversiones para desarrollar diversas industrias, preferentemente automotrices o de autopartes, de manera que no solo vende gasolina a México sino también los automóviles producidos aquí que la consumen. Para los norteamericanos es obvio el gran negocio que supone la mano de obra mexicana barata en los procesos de producción, así como adquirir el barril de petróleo crudo también barato, para después vendernos coches y gasolinas caros.

México inicia 2017 con una grave crisis económica que desde luego trasciende todos los ámbitos de la vida de los mexicanos. Más allá de las declaraciones insensibles de los políticos que insisten en negar los efectos inflacionarios directos que el aumento en los precios de la gasolina produce en el consumo de bienes y servicios, es necesario analizar los posibles escenarios y tomar decisiones razonadas y ponderadas, de manera que los impactos negativos se compensen. El pasado es irreparable, el futuro es responsabilidad de quienes en democracia deciden en nombre de todos.